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La osteoartritis como enfermedad sistémica e incapacitante
Como especialistas, debemos trascender la visión simplista de la osteoartritis (OA) como un mero “desgaste articular” asociado a la edad.
La OA no es solo una enfermedad del cartílago; es una patología de toda la articulación (whole-joint disease). El proceso implica cambios patológicos integrados que comprometen la integridad de todos los componentes: cartílago, hueso subcondral, membrana sinovial, cápsula articular, ligamentos y musculatura periarticular (imagen 1). La fisiopatología de la OA, atrapada en una secuencia circular (círculo vicioso), perpetúa un estado de inflamación crónica de bajo grado que puede originarse en cualquiera de estos tejidos.

Este círculo explica la progresión clínica del animal:
- Componente nociceptivo e inflamatorio: activación bioquímica inicial y degradación de la matriz que inician y mantienen el proceso.
- Sensibilización central y periférica: fenómeno en el que el sistema nervioso se vuelve hipersensible al dolor y magnifica su percepción. Dado que el cartílago es aneural, el dolor procede de estructuras inervadas como la membrana sinovial, la cápsula, los ligamentos y el hueso subcondral.
- Deterioro muscular y pérdida funcional: el animal reduce el movimiento debido al dolor, lo que favorece la inactividad, la atrofia muscular asimétrica, el deterioro de la función muscular y la disminución de la estabilidad articular.
- Aumento de peso y cambios de comportamiento: la reducción de la actividad física puede favorecer el incremento de la condición corporal. El tejido adiposo, además de provocar sobrecarga mecánica, posee actividad endocrina e inflamatoria. Por su parte, el dolor crónico altera profundamente el comportamiento (apatía, irritabilidad, ansiedad, agresividad).
- Agravamiento de las lesiones: el incremento de la carga mecánica y la persistencia de la inflamación favorecen nuevas alteraciones estructurales y moleculares, cerrando así el círculo vicioso.
La OA es una patología “silenciosa” pero devastadora. Si no se diagnostica a tiempo, el deterioro sistémico impacta de tal forma en el bienestar del paciente que el riesgo de eutanasia por incapacidad funcional se convierte en una realidad clínica tangible. Debemos mirar más allá de la cojera evidente para comprender la verdadera magnitud de esta enfermedad.
La realidad estadística y la “punta del iceberg”
La epidemiología revela una brecha alarmante entre la prevalencia real y el diagnóstico clínico de la patología (imagen 2). Datos epidemiológicos sugieren que una proporción significativa de la población canina adulta padece OA, con cifras que alcanzan hasta el 50 % de los perros de entre 8 y 13 años en diversos estudios2,3,4. Sin embargo, lo que observamos habitualmente en consulta es solo la “punta del iceberg”: pacientes en fases avanzadas con alteraciones óseas graves. La mayoría de los tutores interpreta erróneamente que su perro “se mueve menos porque es viejo”, de modo que el dolor crónico queda enmascarado bajo una falsa apariencia de senectud normal.

A esta falta de detección por parte del tutor se suma a menudo una praxis clínica reactiva: la administración sintomática de antiinflamatorios o analgésicos durante periodos breves (por ejemplo, 10 días) sin un diagnóstico sólido. Esta estrategia no solo es insuficiente, sino peligrosa: silencia de forma temporal los síntomas mientras el daño articular continúa su progresión degenerativa.
Por todo ello, debemos retroceder en la cronología del paciente para detectar la enfermedad antes de que los signos clínicos sean irreversibles.
Chequeo del cachorro: el momento crítico para la intervención precoz
La OA no es una enfermedad exclusiva de perros gerontes; con frecuencia es la secuela de enfermedades del desarrollo iniciadas durante la juventud. Estudios realizados en Estados Unidos indican que el 39,8 % de los cachorros ya presenta problemas articulares5.
Para realizar un cribado proactivo, es crucial diferenciar entre la enfermedad ortopédica del desarrollo (EOD) —como las displasias o la osteocondrosis—, el riesgo inherente a desarrollar OA y la presencia de OA clínica. Las EOD son a menudo las precursoras silenciosas de la OA en el adulto. Detectar estas anomalías antes de los 5 meses de edad es estratégico, ya que abre la ventana de oportunidad para cirugías preventivas como la sinfisiodesis púbica juvenil o las osteotomías correctivas. La intervención precoz constituye la única vía para alterar de forma drástica el pronóstico articular del paciente adulto.
Para lograr este objetivo es necesario crear un plan diagnóstico integrado en el programa de medicina preventiva del centro y aplicarlo de manera rutinaria. Este programa debe incluir un estudio radiológico fiable y una propuesta clara dirigida a los tutores.
Asimismo, es imprescindible romper el círculo vicioso en el que caemos a menudo al no proponer pruebas diagnósticas asumiendo, de antemano, que los tutores no las van a aceptar. Una exploración ortopédica rigurosa y un correcto posicionamiento radiográfico no requieren una especialización en traumatología. Superar este prejuicio nos permitirá detectar la mayoría de las patologías articulares en fases tempranas, lo que garantizará tratamientos mucho más eficaces.
Con respecto al ejercicio, más que prohibirlo, se debe evaluar su tipo, intensidad, duración y frecuencia, así como la superficie y la condición corporal del cachorro. El ejercicio controlado y de bajo impacto resulta beneficioso para el desarrollo musculoesquelético, mientras que la actividad repetitiva o de alto impacto sobre superficies duras —especialmente en pacientes con una afección ortopédica subyacente— puede ser perjudicial1,5.
Comunicación efectiva y anamnesis proactiva
El éxito del diagnóstico precoz, así como el manejo del dolor crónico, depende en gran medida de nuestra capacidad como comunicadores: nuestra habilidad para generar confianza en los tutores determina en alto porcentaje su aceptación de las pruebas diagnósticas y la adherencia al tratamiento y a las revisiones.
Guía Calgary-Cambridge
En los últimos años se ha consolidado el uso de guías para perfeccionar estas habilidades en consulta. La más destacada es la Guía Calgary-Cambridge, desarrollada por Cindy Adams y Susanne Kurtz.
Diversos datos ponen de manifiesto que, de media, los veterinarios interrumpimos al cliente a los 15 segundos de iniciar la conversación, atendemos a sus preocupaciones en solo un 33 % de las ocasiones y las malas interpretaciones originan el 80 % de las reclamaciones6.
Esta guía plantea siete pasos para entablar una conversación fluida y estructurada con el cliente, muy útil para obtener la información necesaria para el diagnóstico y asegurar el cumplimiento del tratamiento, sobre todo en procesos crónicos como la OA. Debemos actuar como facilitadores mediante la escucha activa y preguntas abiertas (“¿Desde cuándo nota que le cuesta subir al coche?”, “¿Qué observa durante el paseo?”) para extraer información que el tutor podría considerar irrelevante (imagen 3).
Modelo ART
Una herramienta muy útil para generar empatía y atender las preocupaciones del tutor es el modelo ART, desarrollado por la Academy of Communication in Healthcare:
- A (Ask): preguntar al cliente sus impresiones y preocupaciones respecto al diagnóstico o a los síntomas.
- R (Respond): responder al cliente tras una escucha activa y empática.
- T (Tell): compartir la opinión clínica al respecto.
Con esta metodología podremos conocer lo que preocupa al cliente, ajustar la explicación a cada persona, mejorar su experiencia al sentirse escuchado y respetado y ganar una mayor adherencia a las propuestas que le vamos a ofrecer.
Otras herramientas
- Emplear datos objetivos en la explicación y un lenguaje que no sea estrictamente técnico favorece la comprensión y la aceptación de las pruebas, así como el seguimiento del tratamiento crónico.
- El uso de métodos visuales (visual thinking) como dibujos y esquemas facilita su comprensión de las patologías y los procedimientos clínicos.
Gestión de expectativas
El objetivo primordial de aplicar estas habilidades de comunicación es alinear las expectativas con la realidad clínica. Es vital dejar claro que el tratamiento de la OA no es curativo, sino paliativo y orientado a frenar la progresión degenerativa, asegurándonos de resolver cualquier duda para evitar frustraciones futuras.
Esta relación de confianza es la que nos permitirá vencer barreras habituales, como la reticencia del tutor a la sedación para realizar estudios radiográficos de precisión, y lograr su compromiso en la planificación terapéutica. Sin la complicidad del tutor, la medicina más avanzada fracasa.
Exploración ortopédica sistemática: de la observación a la palpación
La exploración ortopédica rigurosa combina la evaluación estática y la dinámica. Es vital realizar una inspección física para identificar atrofias musculares asimétricas y efusión periarticular. La observación en consulta evalúa la deambulación y las transferencias de peso, detectando compensaciones posturales como la columna arqueada.
Hallazgos específicos diagnósticos incluyen:
- Signo del cajón positivo y signo de Ortolani positivo: confirman inestabilidades articulares críticas que son causas primarias del desarrollo futuro de OA, aunque no constituyen un diagnóstico de OA per se7.
- Palpación: detecta crepitaciones y reducción del rango de movimiento.
- Pruebas de provocación: flexión mantenida durante 1 minuto para evidenciar cojeras “en frío”.
Dado que el estrés de la clínica suele enmascarar el dolor —fenómeno del “dolor oculto”—, la revisión de vídeos caseros grabados por el tutor en el entorno cotidiano del perro cobra un protagonismo especial. Esta observación en el hogar nos permite evaluar la movilidad real del paciente y nos da la evidencia necesaria para rebatir el mito del «perro que se mueve menos por viejo», demostrando que la reducción de actividad es casi siempre una estrategia adaptativa frente al dolor articular crónico.
Herramientas de estadificación: LOAD y COAST
Las herramientas LOAD (Liverpool Osteoarthritis in Dogs) y COAST (Canine Osteoarthritis Staging Tool) representan el consenso internacional para la evaluación y clasificación de la OA canina8 (tabla 1, imagen 4).
| Tabla 1. Comparación entre las herramientas de evaluación clínicas disponibles8. | ||||
| Herramienta | Tipo | ¿Quién evalúa? | ¿Qué mide? | Principal utilidad clínica |
| LOAD | Cuestionario de movilidad | Propietario | MovilidadActividad | Monitorización de la respuesta terapéutica |
| CBPI | Cuestionario de dolor y función | Propietario | DolorInterferencia en actividades | Monitorización de la respuesta terapéutica |
| COAST | Herramienta de estadificación global | VeterinarioPropietarioImagen | Estado general de la enfermedad (0-4) | DiagnósticoEstadificaciónMonitorización. |

El sistema COAST integra la valoración del propietario (LOAD) con la del veterinario (postura, dolor, rango de movimiento y radiología). Es crucial distinguir entre la fase preclínica (COAST 0-1), donde el perro es clínicamente normal, pero existen factores de riesgo, y la fase clínica (COAST 2-4), donde ya existe patología y los signos son evidentes.
La participación del tutor mediante test validados (como LOAD) refuerza la estructura de comunicación de la Guía Calgary-Cambridge, especialmente en las visitas de seguimiento y valoración de la evolución.
Planificación diagnóstica: radiología estratégica e imagen avanzada
Es muy importante que los posicionamientos radiológicos sean adecuados para cada zona y es imperativo realizar las radiografías bajo sedación para obtener una calidad diagnóstica que permita visualizar cambios sutiles como osteofitosis o reacciones óseas. Por su parte, las técnicas de diagnóstico como el TAC, la RM, la ecografía musculoesquelética y la artroscopia cada vez están más implementadas en los centros para la detección de patologías articulares y permiten diagnósticos más precoces y precisos (imagen 5).

Debemos recordar que las evidencias en la imagen no siempre guardan una correlación directa con el nivel de dolor; perros con cambios radiológicos leves pueden sufrir un dolor grave debido a la inflamación sinovial y viceversa. La palpación y el rango de movimiento (ROM) suelen ser indicadores mucho más fiables del sufrimiento diario del paciente que una imagen estática.
Enfoque terapéutico multimodal
El tratamiento de la OA debe ser multimodal, individualizado y dinámico, adaptado al estadio de la enfermedad, la intensidad del dolor y la limitación funcional (imagen 6).

Los pilares fundamentales incluyen los siguientes aspectos.
Farmacología (40 %)
- Dolor e inflamación (fases COAST 2-4): uso de AINE o inhibidores selectivos de receptores EP4 como grapiprant (pautas continuadas de 4 a 12 semanas mínimo según el grado).
- Dolor central, refractario y sensibilización: en fases COAST 3-4, o para dolor crónico refractario, se deben emplear terapias adyuvantes dirigidas a modular la sensibilización central9:
- Anti-NGF (anticuerpos monoclonales): terapia con mecanismo de acción específico para el dolor de la OA10.
- Gabapentina, amantadina: fármacos coadyuvantes para dolor neuropático y central.
- Cannabinoides (CBD): área de investigación creciente. Aunque algunos estudios sugieren un beneficio potencial, la evidencia actual es limitada y se requieren más ensayos clínicos controlados para establecer dosis, eficacia y seguridad a largo plazo, así como considerar el marco regulador local.
Control de peso y nutrición (30 %)
El sobrepeso no es solo un problema mecánico, ya que el tejido adiposo actúa como un órgano metabólico proinflamatorio. La suplementación con ácidos grasos omega-3 (EPA/DHA) es esencial para modular la respuesta inflamatoria celular.
Rehabilitación y fisioterapia (30 %)
El uso de láser, hidroterapia, magnetoterapia y diatermia es vital para mantener la elasticidad, reducir el dolor y recuperar el tono muscular.
Terapias intraarticulares y medicina regenerativa
Las terapias como el plasma rico en plaquetas (PRP), las células madre mesenquimales (MSC) o el ácido hialurónico son áreas de enorme interés. Sin embargo, la evidencia científica que respalda su uso es variable y a menudo limitada; se deben indicar caso a caso y no pueden sustituir a los pilares consolidados como el control de peso, la fisioterapia o la analgesia de base.
Asimismo, en casos refractarios avanzados deben considerarse cirugías paliativas.
Retos y compromiso veterinario
El gran reto estratégico de nuestra profesión es cambiar la mentalidad reactiva por una proactiva. Esto implica:
Pasar de tratar la cojera a detectar precozmente la enfermedad íntegra (whole-joint disease).
Pasar de buscar OA únicamente en perros mayores a identificar factores de riesgo desde cachorros.
Pasar de prescribir un único tratamiento a diseñar estrategias multimodales, individualizadas y dinámicas.
Pasar de valorar una consulta aislada a monitorizar longitudinalmente al paciente, definiendo objetivos terapéuticos concretos y relevantes para el tutor.
Solo mediante la educación continua del tutor, nuestra excelencia técnica y el uso de habilidades comunicativas avanzadas podremos transformar la calidad de vida de estos pacientes a largo plazo.
Agradecimientos
Mención especial y agradecimiento a dos de mis mentores, amigos y personas admirables que me han enseñado a ser mejor profesional y persona: Miguel Ángel Díaz Sánchez, por su maestría y guía en comunicación efectiva y liderazgo; Ignacio Mérida Isla, por su visión e impulso en el ámbito de la gestión clínica y los planes preventivos de salud.
Bibliografía
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- O’Neill DG, Brodbelt DC, Hodge R, Church DB, Meeson RL. Epidemiology of osteoarthritis in dogs attending primary-care veterinary practices in England. Vet Rec. 2021;189(12):e1011.
- Banfield Pet Hospital. State of Pet Health Report. Vancouver (WA): Banfield Pet Hospital; 2019.
- Duerr FM, Mason DR. Canine Lameness. Hoboken (NJ): Wiley-Blackwell; 2020.
- Adams CL, Kurtz S. Skills for Communication in Veterinary Medicine. Nueva York: CRC Press; 2017.
- Hayashi K. Diagnosis of Lameness in Dogs. Hoboken (NJ): Wiley-Blackwell; 2023.
- Cachon T, Frykman O, Innes JF, Lascelles BDX, Okumura M, Sousa P, et al. Face validity of a proposed tool for staging canine osteoarthritis: The Canine OsteoArthritis Staging Tool (COAST). Vet Comp Orthop Traumatol. 2018;31(5):311-316.
- Lascelles BDX. Physiology and pathophysiology of pain. En: Fox SM, editor. Chronic Pain in Small Animal Medicine. Londres: CRC Press; 2010. p. 33-60.
- Corral MJ, Moyaert H, Fernandes T, et al. A randomized, double-blind, positive-controlled clinical trial to assess the efficacy and safety of bedinvetmab for the control of pain associated with osteoarthritis in dogs. Vet Surg. 2021;50(7):1448-1463.
Lecturas recomendadas
- Adams CL, Kurtz S. Skills for Communication in Veterinary Medicine. Oxford: CRC Press; 2017.
- Carrillo JM. Osteoartritis canina: Diagnóstico y manejo multimodal. Zaragoza: Editorial Servet; 2020.
- Díaz MA, Mercader P. Gestión de clínicas veterinarias: Personas, procesos y rentabilidad. Zaragoza: Edra Editorial; 2023.
- Duerr FM, Mason DR. Canine Lameness. Hoboken (NJ): Wiley-Blackwell; 2020.
- Franklin SP, Pozzi A, Schulz KS. Canine and Feline Arthrology and Arthroscopy. Ámsterdam: Elsevier; 2026.
- Hayashi K. Diagnosis of Lameness in Dogs. Hoboken (NJ): Wiley-Blackwell; 2023.
- Mérida Isla I. Manual práctico para la gestión de centros veterinarios. Barcelona: Multimédica Ediciones Veterinarias; 2019.
- Pérez I, Valera MA, Tabares N. Enamora a tu cliente: Claves de comunicación y fidelización en centros veterinarios. Zaragoza: Editorial Servet; 2018.
- Wessels R. La comunicación del veterinario. Zaragoza: Grupo Asís Biomedia (Servet); 2014.







