Las urgencias veterinarias de Huesca
Este artículo está dividido en cuatro partes
¿Cuántos profesionales formamos y qué oportunidades tienen?
Cuando hablamos de salarios hay otra variable incómoda: la oferta de profesionales. La productividad no explica por sí sola las remuneraciones. También importan la cantidad de veterinarios disponibles, la demanda de contratación y su movilidad.Establecer la imagen destacada
Es interesante observar países que concentran y planifican su formación veterinaria. Países Bajos cuenta con la Facultad de Veterinaria de Utrecht, cuya admisión para 2027-2028 prevé 225 plazas y que dispone de acreditación estadounidense. Noruega forma veterinarios en una única institución, la NMBU, que anuncia 90 plazas de acceso y tiene acreditación europea.
No estoy diciendo que una única facultad garantice salarios altos, ni que la acreditación permita ejercer automáticamente en otro país. Pero la planificación de plazas y las posibilidades reales de movilidad internacional afectan al entorno profesional en el que compiten empresas y trabajadores.
¿Qué ocurre cuando aumentamos la oferta de titulados sin analizar adecuadamente las necesidades del mercado? ¿Qué ocurre cuando un veterinario puede elegir entre trabajar en varios países? Esas preguntas también forman parte del debate salarial.
De igual modo, reducir las cotizaciones sociales de una empresa puede darle margen económico, pero no garantiza que ese ahorro se transforme íntegramente en salarios. Los salarios responden a una combinación de productividad, negociación, disponibilidad de profesionales y competencia por contratarlos.
Pretender resolver todo eso escribiendo una cifra en un papel es otra manera de evitar el problema de fondo.
El valor extraordinario de una clínica veterinaria que no sabemos explicar
Aquí volvemos a la comparación con la medicina humana, esta vez desde una perspectiva distinta.
En un centro de atención primaria humano es habitual que una analítica requiera una extracción programada, una radiografía se realice en otro servicio y una ecografía precise una cita específica. Es un modelo que reparte funciones entre profesionales y unidades.
En muchas clínicas veterinarias de primera opinión, un mismo veterinario puede examinar al paciente, extraer una muestra de sangre, realizar pruebas de laboratorio, obtener radiografías, hacer una ecografía e interpretar y comunicar resultados durante la misma visita. No ocurre en todos los centros, ni significa que la medicina veterinaria sea superior a la humana. Pero la concentración de competencias y capacidad resolutiva es extraordinaria.
El cliente entra con un problema y, en ocasiones, sale con diagnóstico y tratamiento sin haber tenido que visitar varios servicios. Y lo considera normal.
¿Somos conscientes de cuánto valor tiene eso? ¿Lo explicamos suficientemente?
Nos hemos acostumbrado a hablar de parecernos más a la medicina humana. Yo me pregunto si, antes, no deberíamos comunicar mucho mejor las fortalezas de nuestro propio modelo.
Porque copiar su fragmentación asistencial sin disponer de la financiación de la sanidad pública podría acabar dejando, por un lado, centros muy básicos y, por otro, grandes hospitales especializados, con menos clínicas intermedias capaces de resolver múltiples problemas en una visita.
Tal vez el propietario no sepa todo lo que podría perder hasta que dejara de disponer de ello.
No hay una solución sencilla para un problema complejo
Regresemos a Huesca. Comprendo al propietario que teme tener que desplazarse a Zaragoza con su mascota enferma. Comprendo todavía más a las personas mayores, a quienes carecen de transporte y a quienes no pueden afrontar determinados costes. El acceso a la atención veterinaria merece una discusión seria.
Precisamente por eso debemos abandonar la búsqueda de culpables fáciles. La ausencia de guardias nocturnas no puede atribuirse automáticamente a una falta de compromiso de los veterinarios de Huesca. Los problemas de demanda, personal, financiación y organización requieren algo más que indignación.
Cada localidad necesita estudiar su área real de influencia, los casos urgentes que genera, cuántos requieren presencia nocturna, los profesionales disponibles y el coste de mantenerlos. Quizá un hospital de urgencias sea viable. Quizá funcione una estructura compartida, una red territorial de referencia, un triaje clínico profesional o un modelo que distribuya la financiación de la disponibilidad entre más propietarios, mediante seguros o acuerdos.
También debemos plantear cómo ayudar a quienes no pueden desplazarse ni pagar determinados procedimientos. Pero la respuesta tiene que venir de un análisis y de una negociación entre veterinarios, empresas, colegios profesionales, administraciones y propietarios. No de una consigna.
Y, mientras tanto, tenemos que actuar sobre lo que llevamos demasiados años evitando: formación en gestión, auxiliares cualificados, procesos eficientes, precios fundamentados, planificación profesional y una comunicación pública positiva del valor de lo que hacemos.
No basta con reclamar mejores salarios. Necesitamos organizaciones capaces de pagarlos. No basta con pedir urgencias permanentes. Necesitamos un modelo que las sostenga. No basta con decir que nuestra medicina es excelente. Debemos explicar por qué merece el valor que le atribuimos.
El verdadero problema no son solamente las urgencias
Huesca nos ha puesto frente a una contradicción que llevamos décadas construyendo: queremos servicios cada vez mejores, trabajadores mejor pagados, horarios sostenibles y tecnología moderna, pero una parte del mercado sigue percibiendo nuestros servicios con criterios de precio que no siempre se corresponden con los recursos necesarios para prestarlos.
Podemos intentar compensarlo de golpe con una tarifa de 1.000 euros. Corremos el riesgo de quedarnos sin demanda. Podemos seguir cobrando lo de siempre. Corremos el riesgo de quedarnos sin profesionales y sin servicio.
La alternativa no consiste en elegir cuál de esos dos errores preferimos. Consiste en profesionalizar la gestión, mejorar la productividad, formar a todos los veterinarios en economía básica de su trabajo y aprender a comunicar a la sociedad el valor de la atención veterinaria.
No podemos resolver décadas de infravaloración profesional con una simple subida de precios. Pero tampoco podemos financiar servicios del siglo XXI con una cultura empresarial que se resiste a hacer las cuentas.
Podemos seguir discutiendo sobre quién tiene la culpa de que Huesca haya perdido sus guardias nocturnas presenciales. O podemos sentarnos, calcular qué necesitaríamos para recuperarlas y decidir quién y cómo estaría dispuesto a financiarlo.
Después de casi veinte años hablando de gestión veterinaria, preferiría que empezáramos por lo segundo.
Porque las matemáticas no entienden de populismo.
Y las buenas intenciones, por sí solas, no pagan las nóminas.
Nota metodológica
El coeficiente de 0,19 mascotas por habitante, los escenarios de utilización nocturna (1 %, 2 % y 5 %), el ingreso medio de 500 euros y las estimaciones de pacientes activos por veterinario (600, 1.500 y 2.500) son hipótesis o referencias profesionales orientativas, no estadísticas contrastadas de utilización ni un estudio homogéneo entre países. Los cálculos se limitan a Huesca capital y no incluyen automáticamente toda su área de influencia.
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Bibliografía
- Universidad de Utrecht. Plazas de acceso a Veterinaria 2027-2028. https://www.uu.nl/bachelors/diergeneeskunde/inschrijven-en-toelating
- Universidad de Utrecht. Acreditación AVMA vigente hasta 2031. https://www.uu.nl/organisatie/faculteit-diergeneeskunde/onderwijs
- NMBU. Veterinary Medicine: 90 plazas y única institución formadora del país. https://www.nmbu.no/en/studies/veterinary-medicine






