Diez herramientas de inteligencia artificial que el veterinario clínico debería conocer

Este artículo es una guía práctica para empezar a integrar la IA en la consulta, con criterio clínico y sin perder de vista la protección de datos.
Imagen 2. Ejemplo de flujo dictado → transcripción → estructuración automática de historia clínica.
Imagen 2. Ejemplo de flujo dictado → transcripción → estructuración automática de historia clínica.

Imágenes cedidas por el autor

La inteligencia artificial (IA) ha pasado en muy pocos años de ser un concepto reservado a laboratorios de investigación a estar presente en el correo electrónico que abrimos por la mañana, en el buscador de internet, en la televisión y en el teléfono que llevamos en el bolsillo. Para el veterinario clínico, el reto ya no consiste en decidir si conviene utilizar IA, sino en seleccionar bien qué herramientas merece la pena incorporar al flujo de trabajo, cuándo hacerlo y determinar cuáles solo aportan ruido.

Este artículo recoge diez categorías (tabla 1) de herramientas que ningún veterinario clínico debería ignorar en 2026. No es un listado exhaustivo ni una clasificación de marcas comerciales, sino una hoja de ruta ordenada por curva de aprendizaje: empieza por aquello que probablemente ya está al alcance de cualquier veterinario sin que se haya percatado y termina con tecnologías más ambiciosas que cambiarán nuestra forma de trabajar en las próximas semanas o meses.

Asistentes de IA integrados en el sistema operativo y la suite ofimática

Imagen 1. Captura de pantalla del asistente integrado en la suite ofimática revisando la redacción de un artículo.
Imagen 1. Captura de pantalla del asistente integrado en la suite ofimática revisando la redacción de un artículo.

La forma menos disruptiva —y por eso más recomendable para empezar— consiste en utilizar la IA que el fabricante ya ha integrado en las herramientas con las que el veterinario trabaja a diario. Microsoft incorpora Copilot tanto en Windows como en Word, Excel, Outlook o PowerPoint; Google ofrece Gemini integrado en Gmail, Docs (imagen 1), Sheets y Meet; y los modelos de Anthropic (Claude) y OpenAI (ChatGPT) disponen de aplicaciones de escritorio capaces de leer el contenido de la pantalla y de interactuar con los dos ecosistemas de trabajo.

Tabla 1. Síntesis de las diez categorías de herramientas de IA tratadas en el artículo, con ejemplos representativos a fecha de redacción. Elaboración propia.
# Categoría Utilidad principal en clínica Ejemplos representativos
1 Asistentes de IA integrados en SO y suite ofimática Redacción, resumen, traducción y análisis en el propio entorno de trabajo Copilot (Windows / Microsoft 365), Gemini (Google Workspace), ChatGPT, Claude
2 Traductores automáticos Comunicación con la familia y lectura científica multilingüe Google Translate, DeepL, modos de traducción de los asistentes
3 Transcripción automática de voz a texto Dictado de historias clínicas, transcripción de reuniones y sesiones Whisper (modelo base), TurboScribe, Otter, Tactiq, Fireflies
4 Cuaderno inteligente sobre fuentes propias Estudio, preparación de sesiones y consulta basada en bibliografía personal NotebookLM
5 Gestor bibliográfico con extensiones de IA Organización de la biblioteca personal y del equipo Zotero (con sus complementos)
6 Buscadores académicos con IA Revisión bibliográfica rápida y mapeo del estado del arte Consensus, Connected Papers, Research Rabbit, Elicit
7 Agentes de investigación profunda Informes estructurados con referencias para casos complejos Modos “deep research” de Gemini, ChatGPT y Claude; Elicit; Edison
8 Generación de imagen y vídeo Materiales para divulgación, redes sociales y clientes Plataformas integradas tipo Freepik AI Suite y Magnific
9 Plataformas no-code para crear utilidades clínicas Calculadoras de dosis, CRI, formularios, paneles y pequeñas apps internas Lovable, Bolt, v0 y similares
10 Agentes autónomos Automatización de tareas administrativas y analíticas con supervisión humana Claude Cowork, ChatGPT Codex, Gemini Antigravity y Spark; alternativas autoalojadas (OpenClaw, Hermes)

Las utilidades inmediatas en la clínica son evidentes: redactar un consentimiento informado a partir de cuatro notas, resumir un correo extenso de un tutor angustiado, generar el guion de una charla a partir de un documento en formato PDF, traducir una ficha técnica para un cliente mayor o transcribir y resumir una reunión de equipo en Meet o Teams sin tener que tomar notas.

Conviene recordar siempre que estos asistentes, en su modalidad gratuita o de suscripción estándar, no garantizan que la información sensible no sea procesada en servidores externos, por lo que para datos sensibles conviene usar versiones empresariales o bien anonimizar los textos o información empleada en estas herramientas.

Traducción

En zonas turísticas, áreas rurales con población envejecida o consultas con perfil internacional, la barrera idiomática deja de ser anecdótica y se convierte en un problema clínico real: un tutor que no entiende una pauta de tratamiento es un fallo terapéutico anunciado. Las aplicaciones de traducción —Google Translate es la más extendida, pero existen alternativas como DeepL o las funciones de traducción de los propios asistentes mencionados en el apartado anterior— resuelven la mayor parte de esos escenarios.

Más allá de la traducción escrita, hoy estas aplicaciones permiten conversación bidireccional en tiempo real (modo “interpretar” o “conversación”), traducción de carteles, etiquetas o prospectos mediante la cámara del teléfono y subtitulación de vídeos en directo. Para el clínico resulta útil en tres escenarios: consultas con tutores extranjeros, lectura de literatura científica en idiomas poco familiares, comunicación con compañeros en congresos internacionales o videoconferencias con traducción simultánea en tiempo real.

La calidad de la traducción veterinaria especializada es buena para términos generalistas, pero conviene siempre revisar los términos farmacológicos y los nombres de patologías específicas.

Transcripción automática de voz a texto (Speech to text o STT)

De todas las herramientas que se citan en este artículo, probablemente ninguna ofrezca un retorno de tiempo tan inmediato como un buen transcriptor de voz a texto. El modelo Whisper, desarrollado por OpenAI y liberado bajo licencia abierta, ha democratizado en muy poco tiempo el acceso a transcripciones de calidad profesional en español, gallego y decenas de idiomas más. Sobre esa base existen multitud de productos comerciales —TurboScribe, Otter, Tactiq, Fireflies, etc.— que añaden interfaz, almacenamiento y resúmenes automáticos.Para

Para el veterinario, las aplicaciones son numerosas: dictado libre de historias clínicas mientras se explora al paciente, transcripción de reuniones de equipo o sesiones formativas, grabación y posterior análisis de la conversación con los tutores durante el alta hospitalaria, conversión de pódcast formativos en texto buscable o digitalización de notas grabadas durante una guardia. Combinado con un modelo de lenguaje, el flujo “hablar → transcribir → resumir → estructurar” permite generar el borrador de una historia clínica en segundos (imagen 2). Además, ya existen soluciones específicas verticalizadas para nuestro sector —los llamados scribes veterinarios— que automatizan ese flujo de extremo a extremo, aunque su adopción todavía es incipiente en Europa.

Imagen 2. Ejemplo de flujo dictado → transcripción → estructuración automática de historia clínica.
Imagen 2. Ejemplo de flujo dictado → transcripción → estructuración automática de historia clínica.

NotebookLM: el cuaderno inteligente de estudio

NotebookLM, desarrollado por Google, es probablemente la herramienta más infravalorada del listado y la que más uso recibe en mi escritorio. Se trata de un cuaderno digital al que el usuario sube sus propias fuentes —PDF, vídeos de YouTube, páginas web, documentos de Drive, audios, transcripciones— y que después responde preguntas, genera resúmenes, crea esquemas o incluso produce un pódcast de varios minutos en cualquier idioma a partir de ese material.

La diferencia respecto a un chatbot generalista es decisiva: NotebookLM razona sobre las fuentes que el usuario le proporciona y, además, cita la fuente y la página de la que extrae cada afirmación. Esto lo convierte en una herramienta especialmente adecuada para el estudio clínico continuado: el veterinario puede crear un cuaderno por área (dermatología, oncología, anestesia…), nutrirlo con sus guías de referencia, artículos y apuntes, y consultarlo después con preguntas reales surgidas de la consulta. Es también una forma extraordinaria de preparar sesiones clínicas, casos para residentes o material docente, porque garantiza trazabilidad, reduce el riesgo de “alucinaciones” propio de los modelos generalistas y permite compartir los cuadernos para trabajo colaborativo.

Zotero: gestión bibliográfica con inteligencia añadida

Aunque Zotero no es estrictamente una herramienta de IA, sino un gestor bibliográfico libre y gratuito, su inclusión en este listado se justifica por dos motivos:

  • En primer lugar, porque la integración de IA en la práctica clínica académica solo tiene sentido sobre una biblioteca personal ordenada: ningún agente, ningún NotebookLM y ningún resumen automático funciona bien si las fuentes están dispersas en carpetas, descargas y correos electrónicos.
  • En segundo lugar, porque el ecosistema de complementos de Zotero ya incorpora utilidades basadas en modelos de lenguaje —resumen automático de PDF, etiquetado inteligente, búsqueda semántica dentro de la biblioteca, generación de notas— que multiplican el valor del gestor.

Para el veterinario clínico, montar una biblioteca de Zotero compartida en el equipo, con carpetas por especialidad y con etiquetas coherentes, es una inversión de tiempo modesta que después rentabiliza todas las demás herramientas citadas en este artículo.

Buscadores académicos con inteligencia artificial

Imagen 3. Grafo de citas visualizado en la aplicación Consensus.
Imagen 3. Grafo de citas visualizado en la aplicación Consensus.

La revisión bibliográfica tradicional —PubMed, Scholar, palabras clave, lectura de abstracts— sigue siendo válida, pero hoy convive con una nueva generación de buscadores académicos potenciados por IA que cambian profundamente la forma de explorar la literatura. Tres ejemplos representativos, todos accesibles desde el navegador y con capa gratuita suficiente para la mayoría de los usuarios son:

  • Herramientas como Consensus (imagen 3)—y, en medicina humana, plataformas como OpenEvidence—, permiten formular preguntas clínicas en lenguaje natural (“¿es eficaz la suplementación con omega-3 en la dermatitis atópica canina?”) y devuelven un resumen estructurado con porcentaje aproximado de estudios a favor, en contra o no concluyentes, enlazando los artículos originales.
  • Los visualizadores de redes de citas, como Connected Papers o Research Rabbit, parten de un artículo semilla y muestran gráficamente sus antecedentes, los trabajos derivados y los estudios más relacionados, lo que permite mapear de un vistazo el estado del arte de un tema.
  • Los asistentes de revisión sistemática, como Elicit, ayudan a extraer datos estructurados (población, intervención, resultado) de docenas de artículos a la vez, lo que es especialmente útil para revisiones narrativas o tablas comparativas.

Estas tres familias son complementarias: Consensus orienta al inicio, Connected Papers o Research Rabbit amplían el horizonte y Elicit extrae los datos. Ninguna sustituye a la lectura crítica del clínico, pero todas la aceleran considerablemente.

Agentes de investigación profunda

Un paso más allá de los buscadores académicos se encuentran los llamados agentes de investigación profunda (deep research). Ya no se trata de un chatbot que responde en segundos, sino de un agente que recibe una pregunta compleja, planifica una estrategia de búsqueda en varios pasos, consulta decenas, cientos o miles de fuentes durante varios minutos —a veces más de una hora— y devuelve un informe estructurado con referencias.

Los principales modelos generalistas ya ofrecen esta funcionalidad bajo nombres distintos (Gemini, ChatGPT, Claude y otros disponen todos de su modalidad de investigación profunda) y, además, existen herramientas especializadas en literatura científica —Elicit dispone de un modo equivalente, y plataformas emergentes como Edison se posicionan en el mismo espacio. El uso

El uso típico en clínica es la preparación de un caso difícil o de una sesión: el clínico formula la pregunta (“síndrome hepatocutáneo en perros jóvenes: protocolos diagnósticos actuales y pronóstico”), el agente trabaja en segundo plano y, al cabo de un rato, entrega un dossier con literatura ordenada que puede importarse directamente a NotebookLM o a Zotero. Es importante interiorizar que estos informes son borradores para el clínico experto, no documentos definitivos: el sesgo de las fuentes, la actualización y la calidad metodológica siguen siendo responsabilidad del lector.

Generación de imagen y vídeo para comunicación y divulgación

La generación de contenido audiovisual con IA ha avanzado lo suficiente como para que un clínico sin formación específica en diseño pueda producir materiales de aspecto profesional para sus redes sociales, folletos informativos, presentaciones a congresos o contenidos web. Plataformas creativas integradas como Magnific o Krea agrupan ya herramientas de generación de imagen, vídeo y audio, edición, eliminación de fondos y reescalado, sustituyendo al collage de aplicaciones independientes que, hasta hace poco, era necesario combinar para obtener un resultado similar.

Para el veterinario, las aplicaciones más útiles no son necesariamente la generación creativa desde cero —los esquemas anatómicos, las representaciones de lesiones o cualquier imagen con valor técnico deben revisarse siempre con cuidado—, sino el apoyo a tareas de comunicación: retoque de fotografías para publicación, creación de infografías para tutores, diseño de portadas y miniaturas para canales divulgativos en YouTube o Instagram, o producción de pequeñas piezas animadas para campañas preventivas.

En el ámbito clínico conviene añadir una cautela específica: cuando se utilicen fotografías reales de pacientes, lesiones o procedimientos, debe garantizarse la autorización correspondiente, la anonimización de cualquier dato identificable y la revisión humana del resultado final. La IA puede ayudar a comunicar mejor, pero no debe convertir una imagen clínica en algo engañoso, excesivamente embellecido o técnicamente incorrecto.

Crear pequeñas herramientas clínicas propias sin programar

Una de las novedades más relevantes de los últimos meses es la aparición de plataformas que permiten construir aplicaciones funcionales describiendo en lenguaje natural lo que se quiere hacer. Estas herramientas —Lovable, Bolt, v0 y otras similares— generan en minutos calculadoras, formularios, paneles, pequeñas bases de datos o utilidades clínicas que hace dos años hubieran requerido contratar a un desarrollador.

Las aplicaciones para el veterinario son tan numerosas como su imaginación: calculadoras de dosis, conversores de ritmo de infusión continua (CRI), árboles de decisión clínicos, hojas de anamnesis interactivas, cuestionarios validados de calidad de vida o dolor, paneles de seguimiento de pacientes crónicos, formularios de consentimiento dinámicos según el procedimiento o pequeños simuladores didácticos para el equipo. El umbral técnico ha bajado tanto que merece la pena que cualquier clínico interesado dedique un par de tardes a probarlas: la mayor parte ofrece capa gratuita suficiente para prototipar. La precaución obligada es no introducir datos identificables de pacientes ni tutores en estos entornos hasta verificar el tratamiento de datos del proveedor.

Agentes autónomos: el siguiente paso, ya operativo

Si los chatbots responden, los agentes hacen. Un agente de IA es un sistema basado en un modelo de lenguaje que ha recibido la capacidad de ejecutar acciones sobre herramientas externas: navegar por internet, leer y escribir archivos, manejar una hoja de cálculo, ejecutar código, enviar correos o reservar una visita. En 2026 los grandes proveedores han lanzado sus primeras versiones operativas para usuarios finales: Anthropic ofrece Claude con su entorno Cowork orientado a tareas de análisis y trabajo de oficina; OpenAI dispone de Codex y de sus agentes integrados orientados sobre todo a desarrollo y automatización; y Google ha presentado Antigravity y, en fase de pruebas, Spark, dentro de un movimiento general hacia entornos en los que el agente vive en el escritorio del usuario.

Existen también opciones autoalojadas y de código abierto —proyectos como OpenClaw, Manus, GenSpark, Hermes y otros— que permiten ejecutar agentes en el propio servidor de la clínica, con un control mucho mayor sobre los datos, pero a cambio de una complejidad técnica considerable. Para datos clínicos sensibles, especialmente bajo el marco del Reglamento General de Protección de Datos y del Reglamento Europeo de IA, estas opciones autoalojadas adquieren relevancia.

Los casos de uso clínicos son todavía exploratorios: análisis automatizado de facturación, generación de informes a partir de plantillas y datos del programa de gestión, monitorización de inventarios, preparación de respuestas a tutores y familias, redacción de borradores de altas. Conviene aproximarse a estos agentes con curiosidad, pero también con prudencia: la capacidad de actuar implica también la capacidad de equivocarse a velocidad y los riesgos de seguridad —filtraciones de información, acciones no autorizadas, manipulación de los agentes desde contenidos externos— son reales y exigen revisión humana de cada acción crítica. La recomendación práctica es seguir su evolución de cerca y empezar a probarlos en tareas no críticas, sin acceso a datos identificables (imagen 4).

Imagen 4. Esquema conceptual de un agente de IA y sus herramientas (navegador, archivos, código, correo).
Imagen 4. Esquema conceptual de un agente de IA y sus herramientas (navegador, archivos, código, correo).

Por dónde empezar

Ante la lista anterior es comprensible que el lector se sienta abrumado. La recomendación práctica es no abordar las diez categorías a la vez. Una hoja de ruta razonable, especialmente para un veterinario que parte de cero, podría ser la siguiente: comenzar durante un mes utilizando el asistente que ya viene integrado en el correo y el procesador de textos de la clínica; incorporar después un transcriptor de voz para historias clínicas y reuniones; crear a continuación un par de cuadernos de NotebookLM sobre las áreas clínicas de mayor interés; y solo entonces abordar los buscadores académicos, los agentes de investigación profunda y las herramientas de creación.

Por encima de cualquier herramienta concreta —que envejecerá antes de que se publique este artículo—, lo que define a un veterinario “alfabetizado en IA” es la actitud: probar, equivocarse, descartar, mantener el espíritu crítico, no entregar el juicio clínico a una máquina y respetar siempre el marco legal y deontológico, en particular en lo que se refiere a la protección de datos del paciente y de la familia. La IA no sustituirá al clínico, pero el clínico que la utilice bien tendrá ventaja sobre el que la ignore.

Autoría y uso de herramientas de IA

Las imágenes incluidas en el artículo son de elaboración propia. Las imágenes 1 y 3 corresponden a capturas de pantalla originales realizadas por el autor. Las imágenes 2 y 4 son esquemas conceptuales generados con herramientas de inteligencia artificial generativa de imagen, concretamente mediante el modelo de generación de imágenes integrado en ChatGPT, y posteriormente seleccionados, revisados y adaptados por el autor para su adecuación al contenido del artículo.

Asimismo, se ha empleado inteligencia artificial como herramienta de apoyo editorial en la revisión del texto, incluyendo mejora de estilo, corrección gramatical, depuración de redacción y organización de algunos contenidos. La selección final de la información, la interpretación técnica, el enfoque del artículo y la validación del contenido son responsabilidad exclusiva del autor.

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