Imágenes cedidas por los autores
Historia clínica
Acudió al servicio de dermatología una hembra de labrador retriever, castrada, de 5 años, correctamente vacunada y desparasitada según el protocolo sanitario habitual. El motivo de consulta fue la presencia de episodios recurrentes de otitis externa de aproximadamente tres años de evolución. Según refería la tutora, los episodios aparecían de forma intermitente cada 2–3 meses. A lo largo de este periodo había recibido distintos tratamientos óticos, con mejorías parciales y transitorias, seguidas de nuevas recaídas. Además, los episodios de otitis se acompañaban con frecuencia de lamido podal asociado a episodios de pododermatitis, lo que sugería la existencia de una enfermedad alérgica subyacente.
Exploración
En la exploración física general no se detectaron alteraciones relevantes.
En la exploración dermatológica se apreció eritema interdigital leve en las cuatro extremidades y xerosis leve generalizada.
Con respecto a la exploración ótica:
- Oído derecho: compatible con la normalidad.
- Oído izquierdo: inflamación con estenosis leve-moderada de los canales vertical y horizontal. Presencia de exudado mucoide que impedía la correcta visualización de la membrana timpánica. En la entrada del conducto vertical se observaron pequeñas ulceraciones que dificultaban la manipulación del oído (imagen 1).

El OTIS score del oído izquierdo fue 7/12:
- Eritema: 2/3
- Exudación: 3/3
- Edema: 1/3
- Úlceras: 1/3
Pruebas diagnósticas
La citología del oído derecho no presentaba alteraciones citológicas relevantes.
En la citología del oído izquierdo se observó inflamación piogranulomatosa compuesta predominantemente por neutrófilos degenerados y abundantes bacterias bacilares intra y extracelulares. Estas bacterias se encontraban inmersas por un material basofílico compatible con biofilm (imagen 1).
Se realizó una videotoscopia con limpieza profunda bajo anestesia general, para valorar la extensión de las lesiones y confirmar la integridad de la membrana timpánica. Durante la exploración se observaron ulceraciones en el conducto auditivo izquierdo y se confirmó la integridad de la membrana timpánica.
Diagnóstico definitivo
Otitis externa bacteriana por bacilos asociada a enfermedad alérgica subyacente.
Tratamiento inicial
Tras la limpieza profunda del conducto auditivo, se instauró un tratamiento tópico mediante un limpiador ótico con Tris-EDTA y sulfadiazina de plata diluida en suero fisiológico cada 24 horas.
Para el control del prurito y de la presunta enfermedad alérgica subyacente, se inició un tratamiento sistémico con oclacitinib con una dosis de 0,6 mg/kg cada 12 horas.
Evolución y seguimiento
Seguimiento a las 3 semanas
Se observó una mejoría clínica evidente, acompañada de una reducción del exudado en el oído izquierdo (OTIS 3/12). La citología auricular reveló escasos bacilos, ocasionales neutrófilos no degenerados y ausencia de estructuras compatibles con biofilm.
Se decidió continuar con un tratamiento de mantenimiento, suspendiendo el antibiótico y manteniendo únicamente el limpiador ótico con TrisEDTA y un glucocorticoide tópico a base de hidrocortisona aceponato una vez al día.
Seguimiento a las 5 semanas
Se observó una leve recaída clínica, caracterizada por la reaparición de signos inflamatorios en el oído izquierdo, acompañada de un incremento de la carga bacteriana evidenciada en la evaluación citológica del conducto auditivo externo (OTIS 5/12) (imagen 2).

Ante esta evolución, se decidió modificar el protocolo de higiene ótica, sustituyendo el limpiador ótico previamente empleado por una formulación probiótica ótica con microorganismos vivos (Lacticaseibacillus rhamnosus y Lactiplantibacillus plantarum). Se pautó la administración de 6 gotas de esta formulación en el oído izquierdo y, 12 horas después, la aplicación de dos pulsaciones de hidrocortisona aceponato, manteniendo esta pauta con una frecuencia semanal. El objetivo de esta modificación terapéutica fue favorecer la restauración y estabilización del microbioma ótico. Paralelamente, se mantuvo el oclacitinib en dosis de mantenimiento (0,6 mg/kg/24 horas).
Seguimiento a las 9 semanas
Se observó una marcada mejoría clínica y citológica, caracterizada por la desaparición de neutrófilos inflamatorios y bacterias bacilares. En la citología, únicamente se detectaron corneocitos hipermaduros y cocos ocasionales, compatibles con microbiota residente del conducto auditivo externo (OTIS 1/12) (imagen 3).

Discusión
La otitis externa en el perro es un proceso multifactorial en el que intervienen distintos tipos de factores: primarios, secundarios, predisponentes y perpetuantes1. Los factores primarios son aquellos capaces de desencadenar por sí mismos la inflamación del conducto auditivo externo y las enfermedades alérgicas son las causas más frecuentes1. Los factores secundarios corresponden a infecciones bacterianas o por levaduras que aparecen como consecuencia del cambio en el microambiente ótico secundario a la inflamación primaria1. Los factores predisponentes son aquellas condiciones que aumentan la probabilidad de desarrollar otitis, como la conformación del pabellón auricular o una mayor humedad del conducto1. Por último, los factores perpetuantes son aquellos que mantienen o agravan el proceso una vez instaurado, como la hiperplasia del epitelio del conducto auditivo, la otitis media, o la formación de biofilm microbiano1,2, como se observó en el presente caso.
La disbiosis del microbioma ótico ha sido reconocida como un factor relevante en la patogénesis y perpetuación de la otitis externa3. Este fenómeno se define como una alteración de la composición, diversidad y estabilidad de la microbiota residente del conducto auditivo externo3-5. La pérdida de este equilibrio se asocia a modificaciones del microambiente local, generalmente secundarias a procesos inflamatorios, que favorecen la proliferación de microorganismos oportunistas y comprometen los mecanismos naturales de resistencia a la colonización. Como consecuencia, esta situación aumenta la predisposición a episodios recurrentes y a la cronificación del proceso inflamatorio5.
Un estudio experimental reciente realizado en perros sanos evaluó la persistencia ótica y la actividad antimicrobiana in vitro de una formulación tópica compuesta por Lactiplantibacillus plantarum y Lacticaseibacillus rhamnosus administrada en el conducto auditivo externo6. Los resultados demostraron que ambas cepas permanecían viables hasta siete días después de una única aplicación, manteniendo concentraciones consideradas potencialmente eficaces desde el punto de vista probiótico6. Asimismo, mostraron actividad inhibitoria frente a microorganismos frecuentemente implicados en la otitis externa canina, como Staphylococcus pseudintermedius, Pseudomonas aeruginosa y Malassezia pachydermatis, con los que alcanzaban niveles de inhibición comparables o incluso superiores a los observados con algunos antimicrobianos de uso habitual en otología veterinaria6.
Estos hallazgos experimentales han sido posteriormente respaldados por un estudio clínico prospectivo multicéntrico, en el que la administración de la misma formulación probiótica en perros con otitis externa eritroceruminosa se asoció a una reducción significativa de la gravedad de las lesiones óticas tras 28 días de tratamiento, con mejorías evidentes a las dos semanas de haber iniciado el protocolo7. Además, la respuesta observada fue similar en animales que recibían tratamientos concomitantes y en aquellos tratados exclusivamente con la formulación probiótica, lo que respalda el potencial de estas cepas como herramienta complementaria7.
En conjunto, la evidencia disponible sugiere que determinadas cepas de lactobacilos podrían desempeñar un papel relevante en la modulación del microbioma ótico, favoreciendo el restablecimiento del equilibrio microbiano y reduciendo la predisposición a infecciones secundarias, sobrecrecimientos bacterianos y formación de biofilms6,8,9. Estos efectos podrían estar mediados no solo por mecanismos de exclusión competitiva frente a microorganismos potencialmente patógenos, sino también por la producción de compuestos bioactivos con propiedades antimicrobianas e inmunomoduladoras, entre ellos ácidos orgánicos y otros metabolitos capaces de contribuir al mantenimiento de un microambiente ótico estable y funcional6,9.
Estudios realizados tanto en modelos animales como en humanos han demostrado que la administración ótica de determinadas cepas probióticas no se asocia a efectos ototóxicos, incluso en situaciones de exposición del oído medio, lo que respalda un perfil de seguridad favorable para su potencial aplicación en el manejo de patologías óticas6,10,11. Asimismo, la evidencia disponible sugiere que los efectos de los probióticos podrían extenderse más allá de su acción local. En este sentido, se ha descrito la detección de Lactobacillus rhamnosus en el oído medio de pacientes humanos tras su administración por vía oral, hallazgo que plantea la posible existencia de interacciones entre el microbioma intestinal y el ecosistema ótico8,12.
El creciente problema de las resistencias antimicrobianas ha impulsado el desarrollo de estrategias terapéuticas dirigidas a reducir la necesidad de tratamientos antibióticos repetidos en pacientes con enfermedades recurrentes7. En el ámbito de la otología veterinaria, donde las recaídas frecuentes conducen con frecuencia a múltiples ciclos de antimicrobianos tópicos o sistémicos, la modulación dirigida del microbioma ótico mediante microorganismos vivos podría representar una estrategia complementaria para intentar disminuir el uso de antimicrobianos7.
En el caso descrito, la sospecha de una enfermedad alérgica subyacente se considera el factor primario implicado en la inflamación inicial y en la naturaleza recurrente del proceso inflamatorio del conducto auditivo externo, mientras que la formación de biofilm habría desempeñado un papel relevante como mecanismo perpetuante, contribuyendo a la persistencia de la infección y a la disminución de la eficacia terapéutica.
Los hallazgos observados en el presente caso, junto con la evidencia experimental disponible, sugieren que determinadas cepas de lactobacilos vivos podrían constituir una herramienta complementaria dentro de un enfoque terapéutico multimodal, especialmente en perros con otitis recurrente3,6,12. Aunque son necesarios estudios clínicos controlados que permitan establecer su eficacia y definir protocolos de uso estandarizados, la modulación del microbioma ótico representa una aproximación terapéutica prometedora. En este contexto, el objetivo del tratamiento no se limitaría a la erradicación de microorganismos potencialmente patógenos, sino también al restablecimiento y mantenimiento de una comunidad microbiana equilibrada capaz de contribuir a la homeostasis del conducto auditivo externo a largo plazo.
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