La guerra de las vacaciones

El coste de la ausencia de descanso del gerente de un centro veterinario no es solo personal: es empresarial. Por eso, cuidarte no es un premio que ganas cuando la clínica va bien, sino todo lo contrario: una condición necesaria para que la clínica vaya bien.
Mujer veterinaria en un consultorio mirando pensativa

EL ESPACIO DIFERENTIA PARA CLÍNICAS INDEPENDIENTES

Imagen cedida por el autor

Hay personas que trabajan en empresas donde las vacaciones se deciden casi al empezar el año. Se planifican, se bloquean en el calendario y asunto cerrado. Llegado el momento, nadie tiene que pedir perdón por irse unos días.

En teoría, un empresario tiene más libertad. Puede organizarse, escoger fechas, decidir cuándo parar. En la práctica, muchos vivimos justo lo contrario: cada año encontramos una razón perfectamente defendible para esperar un poco más. Después del congreso. Cuando cerremos ese tema. En agosto, que hay menos lío. ¿Te suena?

Y así, con argumentos razonables, uno acaba haciendo algo bastante poco razonable: posponer durante meses lo que sabe que necesita.

Cuando por fin llegan las vacaciones, me vienen de maravilla. Descanso y vuelvo con la cabeza más despejada de lo que la había tenido en meses. Pero, si dependiera solo de mí organizarlas, probablemente no las habría cogido.

El que boicotea mis vacaciones soy yo.

Lo cuento porque no creo que sea una rareza. Lo veo cada semana en las clínicas con las que trabajo: propietarios y propietarias que podrían parar, que tienen equipo suficiente para cubrirles y que, aun así, siempre encuentran una razón para no hacerlo. No porque no puedan, sino porque algo dentro de ellos no les deja.

Lo que pasa cuando por fin paras 

Hace un tiempo, uno de los gerentes con los que trabajo se fue a un resort en Canarias. Clínica grande, buena facturación, equipo rodado. Sobre el papel, podía irse unos días.

Pero llevaba meses funcionando con un nivel de presión que ya formaba parte de su vida normal. Al tercer día tuvo un ataque de angustia tan fuerte que pensaron que era un infarto. Urgencias. No era el corazón: era todo lo que llevaba guardado.

No lo cuento para alarmar. Lo cuento porque es uno de los casos más claros que he visto de lo que ocurre cuando el cuerpo tiene por fin permiso para bajar la guardia. Mientras uno vive en modo funcionamiento permanente, muchas cosas no encuentran espacio para manifestarse. La clínica, el equipo, las decisiones pendientes, los problemas pequeños de cada día van ocupando sitio. Durante un tiempo parece que todo cabe, hasta que deja de caber.

El vaso lleno 

El vaso no se llena de golpe. Se llena poco a poco, durante semanas o meses y, cuando ya no cabe más, la última gota lo desborda. Lo importante no es la gota: es todo lo que llevaba tiempo acumulándose antes.

Cada gerente lo manifiesta distinto. Unos dejan de dormir. Otros se paralizan. Otros saltan de problema en problema sin poder parar. Otros se vuelven más secos, menos capaces de escuchar. Aunque los síntomas cambien, el origen suele parecerse: presión acumulada que no se ha gestionado.

El activo que nadie cuida 

Hay algo que llevo tiempo observando y que merece nombrarse sin rodeos: los gerentes de clínicas veterinarias cuidan a su equipo, a sus clientes, a los animales, a sus familias. Ellos quedan para más adelante.

“Mejor lo hago yo. Si aflojo, todo se va al garete. Cuando esto esté resuelto, me tomaré un descanso”.

Pero eso nunca se resuelve del todo. Siempre hay algo: una baja, una obra, un mes flojo, una urgencia que no estaba prevista. La clínica siempre ofrece una razón para seguir un poco más.

En gestión, esto se entiende muy bien cuando hablamos de activos empresariales. Para que un activo rinda, hay que mantenerlo. Una maquinaria que no se revisa acaba fallando. Un equipo que no se forma se estanca.

El gerente es el activo más crítico de la clínica. Es quien toma las decisiones importantes, quien ve lo que el equipo no siempre ve, quien sostiene la cultura y el criterio. Y suele ser el único activo al que casi nunca se le hace mantenimiento. A veces incluso se presume de ello: de no parar, de estar siempre disponible, de llevar años sin desconectar del todo. Como si eso fuera una prueba de compromiso, cuando muchas veces es una señal de alarma.

Un gerente quemado no puede sacar lo mejor de su equipo ni tomar decisiones con claridad. Puede seguir yendo a la clínica y resolviendo urgencias, pero eso no significa que esté funcionando bien. El coste del no descanso no es solo personal: es empresarial.

La confusión entre aguantar y funcionar 

Aguantar y funcionar no son lo mismo:

  • Aguantar es llegar al final del día sin derrumbarse. Resolver lo urgente y mantener la clínica en pie. Muchos gerentes llevan años haciéndolo y lo llaman trabajar, porque desde fuera se parece mucho al trabajo.
  • Funcionar es otra cosa. Es tomar buenas decisiones, no solo decisiones rápidas. Tener perspectiva para ver lo que está pasando en el negocio, no solo lo que está ardiendo hoy. Escuchar sin estar pensando en la siguiente urgencia. Estar presente de verdad cuando el equipo te necesita.

La diferencia entre ambos estados se nota mucho menos de lo que parece cuando estás dentro. Cuando llevas tiempo en modo aguante, te adaptas al nivel de presión y aprendes a convivir con él. El problema es que, desde ahí, ya no puedes ver bien cuánto te está costando. Ni cuánto le está costando a la clínica.

Cuidarte no es un lujo 

Lo que quiero dejar aquí es una idea sencilla que a mí me costó tiempo asumir.

Cuidarte no es un premio que te ganas cuando la clínica va bien. No es algo que haces después, cuando termines esto o aquello. Es una condición necesaria para que la clínica vaya bien.

Tu equipo no necesita que estés siempre disponible. Necesita que cuando estés, estés de verdad: con la cabeza clara, con criterio, con energía para lo que importa. Y para eso hay que descansar de verdad, no solo cambiar de sitio desde donde seguir trabajando. Llevarse el portátil a la playa no es descansar. Contestar WhatsApps desde el hotel no es delegar.

Por eso la pregunta útil antes del verano no es solo qué va a pasar con la clínica cuando no estés. Es qué tienes que cambiar en tu cabeza para permitirte descansar sin culpa.

La clínica probablemente pueda funcionar unos días sin ti.

La duda es si tú puedes seguir funcionando así mucho más tiempo.

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