Dermatosis palpebrales en perros

Las lesiones palpebrales a menudo son una fuente de frustración diagnóstica y terapéutica. Este trabajo recopila las más frecuentes, organizadas según su patrón dermatológico.
Alopecia periocular en paciente con dermatitis atópica.
Imagen 1. Alopecia periocular en paciente con dermatitis atópica.

Paula Cuadros Ruiz1, Alejandro Ojeda Camacho1,2, Cristina Martin de Santiago1
1Hospital Veterinario Madrid Norte, Madrid
2Simbiosis Centro de especialidades veterinarias, Getafe
Imágenes cedidas por los autores

Las lesiones que afectan a los párpados son frecuentes en la clínica dermatológica diaria, ya sea de forma aislada o como parte de síndromes más complejos.

Los párpados del perro constituyen una estructura anatómica altamente especializada, cuya función principal es la protección del globo ocular, la adecuada distribución de la película lagrimal y la participación en los mecanismos de defensa ocular1,2. Desde el punto de vista histológico, presentan una organización compleja que incluye piel fina con folículos pilosos, glándulas sebáceas modificadas (glándulas tarsales o de Meibomio), músculo estriado y liso, así como una estrecha relación con la conjuntiva palpebral1-3. Esta complejidad estructural, junto con su constante exposición al medio ambiente, hace que los párpados sean especialmente susceptibles al desarrollo de diversas lesiones dermatológicas.

Las lesiones dermatológicas palpebrales en el perro abarcan un amplio espectro de procesos inflamatorios, infecciosos, inmunomediados, congénitos y neoplásicos3-5. Estas afecciones pueden originarse a partir de cualquiera de los componentes cutáneos del párpado o de sus estructuras anexas y, en muchos casos, se manifiestan con signos clínicos que comprometen tanto la salud ocular como el bienestar general del animal. Asimismo, determinadas razas caninas presentan una predisposición anatómica y genética a alteraciones palpebrales, lo que incrementa la incidencia de lesiones dermatológicas en esta localización6.

El diagnóstico y el manejo de las lesiones dermatológicas palpebrales representan un reto clínico, ya que requieren un conocimiento detallado de la anatomía palpebral y una cuidadosa diferenciación entre los procesos cutáneos y aquellos de naturaleza oftálmica. El presente artículo ofrece un resumen de las lesiones palpebrales más frecuentes, organizadas según el patrón dermatológico que presentan, dado que con frecuencia constituyen una fuente de frustración diagnóstica y terapéutica tanto para el veterinario clínico como para el tutor del paciente.

Alopecia

La pérdida de pelo, total o parcial (hipotricosis), en los párpados constituye un motivo de consulta frecuente. Al igual que en otras regiones corporales, diversas patologías que afectan al folículo piloso pueden cursar con pérdida de pelo en esta localización. Es fundamental confirmar que se trata de un caso de alopecia real, que implica la pérdida de pelo desde la raíz, y no de una falsa alopecia por rotura de los pelos debido a un traumatismo, generalmente el rascado6. El examen microscópico del pelo permite diferenciar ambas situaciones, ya que la observación de puntas intactas o fracturadas puede orientar sobre la existencia de traumatismo6.

La pérdida de pelo en la región periocular, especialmente cuando se asocia a procesos inflamatorios como la blefaritis, es frecuente en pacientes con prurito3,7. Este prurito suele estar relacionado con procesos de hipersensibilidad cutánea, como la dermatitis atópica (imagen 1), reacciones adversas a alimentos o hipersensibilidad a picaduras de insectos6,7.

Las causas inflamatorias, incluidas las blefaritis de origen infeccioso o parasitario, pueden dar lugar a áreas de pérdida de pelo focal o multifocal. Entre estas, la demodicosis localizada es una causa común en animales jóvenes (imagen 2)2,3,8,9, mientras que la dermatofitosis debe considerarse ante la presencia de lesiones alopécicas bien delimitadas o en casos de contagio entre convivientes10. La leishmaniosis, especialmente en zonas endémicas, puede manifestarse con alopecia facial y periocular, acompañada de descamación y signos sistémicos11,12. Otras etiologías menos frecuentes incluyen procesos autoinmunitarios como la alopecia areata, caracterizada por una pérdida de pelo bien delimitada y no inflamatoria, descrita en diversas razas de perros y cuyo diagnóstico se confirma mediante estudio histopatológico6,13. Asimismo, se han descrito procesos neoplásicos, como el linfoma cutáneo, que pueden producir alopecia focal, generalmente asociada a inflamación y eritema, y que requieren confirmación diagnóstica mediante biopsia cutánea (imagen 3)5,6,14.

Perro con lesiones visibles en la cara y collar isabelino
Imagen 3. Alopecia periocular asociada a demodicosis generalizada (Demodex spp.).

Lesiones pápulo-pustulares

Las lesiones pápulo-pustulares son hallazgos frecuentes en la práctica veterinaria, de modo que múltiples enfermedades de diversa etiología pueden manifestarse con este patrón clínico. Las lesiones papulares pueden observarse en el contexto de infecciones cutáneas o sistémicas, reacciones de hipersensibilidad y enfermedades inmunomediadas.4

Una de las presentaciones clínicas de la leishmaniosis se caracteriza por la presencia de un número variable de pápulas persistentes, de color rosado-amarillento, distribuidas preferentemente en zonas alopécicas, como los párpados o la cara interna de los pabellones auriculares (imagen 4)11,12,15,16. Con el tiempo, estas pápulas pueden ulcerase en la parte central y adquirir la morfología crateriforme característica, conocida como el “signo del volcán”12,16. A menudo, los perros con dermatitis papular no presentan alteraciones clínico-patológicas y los niveles de anticuerpos anti-Leishmania son negativos o débilmente positivos, ya que este cuadro clínico se asocia a una buena respuesta inmunitaria específica celular12. En la mayoría de los casos, cabe esperar una resolución espontánea de las lesiones en 3-5 meses12.

Perro con ojos afectados y orejas visibles en consulta veterinaria
Imagen 4. Dermatosis papular con afectación de párpados y cara interna de los pabellones auriculares por Leishmania spp.

La dermatitis por contacto cursa con lesiones eritematosas, alopécicas e intensamente pruriginosas que se manifiestan inicialmente como pápulas, y que pueden evolucionar hacia lesiones costrosas o liquenificadas4. Se han descrito reacciones de hipersensibilidad tras la aplicación tópica de determinadas sustancias en los párpados, como la dorzolamida17.

Las pústulas son lesiones primarias extremadamente frágiles, por lo que en muchas ocasiones resulta difícil su observación directa. Estas lesiones pueden ser de origen infeccioso o estéril6. Es fundamental descartar causas infecciosas, como infecciones bacterianas (imagen 5), dermatofitosis o demodicosis, ya que para el tratamiento de las enfermedades pustulares estériles son necesarios fármacos inmunodepresores. Entre las causas no infecciosas de reacciones pustulares se incluyen enfermedades inmunomediadas como el pénfigo foliáceo o las reacciones farmacológicas penfigoides4,18. Dentro de este grupo no debe olvidarse la dermatitis granulomatosa estéril con linfadenitis (SGDL), anteriormente denominada celulitis juvenil (imagen 6)19. Esta entidad presenta una mayor prevalencia en cachorros de entre 3 semanas y 6 meses de edad, aunque también se han descrito casos en animales adultos, generalmente entre los 3 y 4 años4,19.

Lesiones descamativas/costrosas-seborreicas

Las alteraciones de la queratinización de la epidermis palpebral se expresan clínicamente como dermatosis seborreicas. En los perros afectados pueden observarse lesiones escamosas, costrosas, cilindros foliculares, comedones y/o exceso de secreción sebácea6. Estas alteraciones pueden limitarse a los párpados o formar parte de un cuadro cutáneo más generalizado, en función de la enfermedad subyacente. Dado que existe una alteración en el proceso normal de maduración y cornificación epidérmica, es frecuente la aparición de complicaciones secundarias, como pioderma superficial o sobrecrecimiento de levaduras20.

Algunas alteraciones primarias de la queratinización pueden afectar de forma predominante a los párpados, como la disfunción de las glándulas de Meibomio. Su forma inflamatoria, denominada meibomitis, se asocia a blefaritis caracterizada por secreción lipídica, formación de costras o descamación en los márgenes palpebrales, lo que altera la película lacrimal y favorece la irritación ocular (imagen 7)21. De manera similar, determinadas formas de ictiosis congénita o hereditaria pueden cursar con descamación periocular desde edades tempranas21.

Primer plano de un ojo con irritación y secreción
Imagen 7. Meibomitis con inflamación del borde palpebral.

En otros casos, las alteraciones cutáneas palpebrales se presentan como manifestaciones secundarias a procesos sistémicos, infecciones oportunistas o factores mecánicos locales. La seborrea secundaria asociada a endocrinopatías, como el hipotiroidismo o el hiperadrenocorticismo, puede manifestarse en los párpados como descamación fina, costras y prurito leve, a menudo acompañado de cambios seborreicos en otras áreas de la cabeza y el tronco6,23. Asimismo, se ha identificado la presencia de Malassezia spp. en la piel periocular de perros con signos de blefaritis y descarga ocular, lo que sugiere que esta levadura puede contribuir a los cambios cutáneos palpebrales y debe evaluarse citológicamente (imagen 8)20. Por último, las alteraciones nutricionales, especialmente los déficits de ácidos grasos esenciales, zinc o vitamina A, también pueden provocar trastornos de la queratinización con descamación periocular y cambios en la calidad del pelo6,24,25.

Primer plano de un ojo con palpebral afectado
Imagen 8. Hiperpigmentación palpebral asociada a infección crónica por Malassezia spp.

Lesiones erosivo-ulcerativas

Las lesiones erosivo-ulcerativas se caracterizan por la pérdida del tejido epidérmico, con la consiguiente exposición de capas cutáneas más profundas. En este grupo se incluyen aquellas enfermedades en las que la pérdida epitelial es consecuencia de procesos de toxicidad, necrosis o traumatismos. Su etiología es amplia y abarca procesos inmunomediados, infecciosos, vasculares, neoplásicos, traumáticos y metabólicos, lo que hace necesaria una evaluación diagnóstica exhaustiva3,6.

Dentro de este patrón dermatológico, la vasculitis cutánea es una de las causas más frecuentes. Se trata de un proceso inflamatorio inmunomediado, generalmente asociado a reacciones de hipersensibilidad de tipo II o III mediadas por depósitos de inmunocomplejos26,27. Esta respuesta inmunitaria puede desarrollarse de forma secundaria a la administración de determinados fármacos6 o a la presencia de agentes infecciosos, como Leishmania spp. o rickettsias11,28,29. Asimismo, la reacción adversa al alimento y la hipersensibilidad a la picadura de artrópodos deben considerarse en todos aquellos animales con cuadros de vasculitis26. Del mismo modo, las reacciones inmunitarias sistémicas secundarias a procesos neoplásicos pueden manifestarse clínicamente como vasculitis cutánea3,5.

Entre las enfermedades inmunomediadas, el lupus eritematoso, tanto en su presentación discoide como sistémica, ocupa un lugar destacado. Esta entidad cursa con lesiones ulcerativas en los párpados, especialmente en áreas despigmentadas o expuestas, donde la fotosensibilidad contribuye a la persistencia y al agravamiento del cuadro clínico3,6. Asimismo, el pioderma mucocutáneo constituye una entidad frecuente en la región palpebral, caracterizado por eritema, exudación y pérdida del epitelio en la unión mucocutánea, aunque su patogenia no está completamente definida (imagen 9)3,30. En estadios iniciales puede presentarse únicamente como despigmentación, simulando procesos inmunomediados o infecciones como la leishmaniosis, por lo que en muchos casos el estudio histopatológico resulta esencial para alcanzar un diagnóstico definitivo3.

Primer plano de un ojo de perro con problemas en el párpado
Imagen 9. Pioderma del saco lagrimal.

Lesiones nodulares

Las lesiones nodulares que afectan a la región palpebral del perro comprenden un grupo heterogéneo de procesos que pueden localizarse tanto en la piel como en los tejidos anexos del párpado. Estas alteraciones pueden tener un origen neoplásico o inflamatorio, por lo que la evaluación citológica resulta una herramienta fundamental para orientar el diagnóstico5,31.

Tumores como el histiocitoma se presentan típicamente en perros jóvenes como nódulos solitarios, bien delimitados, de crecimiento rápido y generalmente indoloros, que pueden afectar a los márgenes palpebrales y generar irritación ocular por compresión local5,32. De manera similar, los papilomas virales, aunque menos frecuentes en la región palpebral que en otras áreas como la boca o los labios, pueden aparecer como lesiones nodulares benignas y deben considerarse en el diagnóstico diferencial de masas las palpebrales, especialmente en perros jóvenes, aunque rara vez generan blefaritis intensa3,33,34.

Otras neoplasias con mayor potencial maligno, como el mastocitoma, el melanoma o el plasmocitoma, pueden manifestarse como masas firmes o ulceradas, a menudo acompañadas de inflamación secundaria y, en el caso del mastocitoma, la liberación de mediadores inflamatorios puede intensificar la reacción tisular local5,31,32. Entre los tumores epiteliales, el carcinoma de células escamosas constituye una causa importante de nódulos palpebrales en zonas poco pigmentadas o expuestas al sol, y se caracteriza por un crecimiento progresivo que puede evolucionar hacia ulceración y costras3,5,31,32,35.

Por otro lado, entre los procesos inflamatorios primarios destaca el chalación, originado por la obstrucción crónica de las glándulas de Meibomio, que da lugar a una masa firme y habitualmente indolora localizada en el interior del párpado (imagen 10)3,5.

Chalación palpebral.
Imagen 10. Chalación palpebral.

Trastornos de pigmentación

Las alteraciones del color o de la distribución del pigmento en los párpados constituyen un grupo heterogéneo de dermatosis que pueden manifestarse como áreas de despigmentación, hipopigmentación o hiperpigmentación.

Las enfermedades autoinmunitarias y los trastornos pigmentarios congénitos o idiopáticos ocupan un lugar destacado dentro de este grupo. El vitíligo es una alteración primaria de la pigmentación que puede afectar a la región periocular y se caracteriza por la pérdida de melanocitos y la aparición de áreas bien delimitadas de despigmentación completa. Esta condición suele ser asintomática y, en la mayoría de los casos, no se asocia con prurito ni dolor, lo que facilita su identificación clínica36,37. En contraste, las lesiones melanocíticas palpebrales incluyen desde proliferaciones benignas, como el nevus melanocítico o el melanocitoma, hasta neoplasias malignas como el melanoma. Estas lesiones pueden provocar zonas de hiperpigmentación o nódulos pigmentados que alteran la apariencia normal del borde palpebral y pueden asociarse a cambios ulcerativos en estadios avanzados.3,5,32

Por último, existen factores mecánicos que, sin constituir enfermedades primarias contribuyen a la persistencia o agravamiento de las lesiones. Alteraciones anatómicas como el entropión, la triquiasis o la presencia de pliegues cutáneos prominentes generan fricción continua sobre la superficie palpebral, lo que favorece la inflamación, ulceración e infecciones secundarias1,5. En estos casos, la resolución de las lesiones cutáneas no depende únicamente del tratamiento de las lesiones secundarias, sino de la corrección quirúrgica o funcional de la alteración anatómica subyacente.

Conclusiones

Existe una amplia variedad de enfermedades que pueden manifestarse mediante distintos patrones lesionales en el párpado. Un diagnóstico preciso resulta fundamental para optimizar el abordaje terapéutico y el pronóstico del paciente. Asimismo, debe tenerse en cuenta que la coexistencia de múltiples patrones lesionales puede, en determinadas ocasiones, dificultar la obtención de un diagnóstico definitivo.

Referencias

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