El papel del veterinario en el bienestar felino

Guía de enfoque clínico y experiencia del paciente felino.
Veterinarios atendiendo gatos en un entorno clínico

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Imagen cedida por la autora

Susana Gª Pérez de Ayala. Directora Científica VetPartners Iberia
Susana Gª Pérez de Ayala. Directora Científica VetPartners Iberia

El bienestar felino no es un elemento añadido a la medicina veterinaria: forma parte de una atención clínica excelente.

El bienestar comienza en el hogar 

El bienestar del gato combina la reducción de emociones negativas —como dolor, miedo y ansiedad— con la posibilidad de expresar conductas naturales y positivas, como jugar, explorar e interactuar con su entorno.

El veterinario tiene un papel fundamental no solo durante la consulta, sino también asesorando a los cuidadores y ayudando a prevenir situaciones que puedan generar estrés.

Muchos problemas de estrés que llegan a la clínica tienen su origen en un manejo inadecuado en casa. Los cuidadores pueden desconocer las necesidades y el comportamiento natural del gato cuando incorporan un animal a la familia sin asesoramiento profesional. Esta falta de información puede favorecer problemas de comportamiento, enfermedades relacionadas con el estrés y un deterioro del vínculo con el cuidador.

En los gatos que viven exclusivamente en interiores, el enriquecimiento ambiental es especialmente importante. El veterinario debe explicar el comportamiento normal, como enriquecer el ambiente, establecer un programa de medicina preventiva y enseñar a reconocer signos de enfermedad y señales de estrés.

Un entorno que permita ser gato 

El entorno debe ofrecer oportunidades para descansar, esconderse, explorar, jugar, alimentarse, beber, acicalarse y desarrollar conductas de caza. Las zonas elevadas y tranquilas, los escondites y las rutas de escape ayudan al gato a sentirse seguro.

Los recursos deben distribuirse correctamente para evitar conflictos, especialmente en hogares con varios gatos. Cada animal debe poder acceder a comida y agua sin competir. El agua debe estar siempre disponible y los recipientes deben ser adecuados y mantenerse alejados de la comida.

Los areneros deben ubicarse en lugares tranquilos, ser suficientemente grandes y contener una cantidad y tipo de arena adecuados. Se recomienda un arenero por gato más uno adicional.

El juego, la interacción con las personas, el movimiento y la exploración en tres dimensiones también forman parte del bienestar. Los juguetes pueden renovarse periódicamente para aportar novedad. Además, deben evitarse olores intensos procedentes de productos de limpieza o ambientadores.

Es importante explicar que conductas como el marcaje, el rascado y determinadas formas de comunicación olfativa, visual o táctil pueden ser normales, aunque resulten molestas para los cuidadores.

Reconocer y prevenir el miedo 

Los gatos pueden percibir como amenaza situaciones peligrosas, acontecimientos desconocidos o experiencias asociadas a recuerdos negativos.

La respuesta depende del estímulo, duración, la previsibilidad, la incertidumbre y las características individuales del animal.

El miedo puede manifestarse de forma pasiva mediante inmovilidad o escondimiento, o de forma activa, con amenazas o agresividad. La socialización temprana es especialmente importante y el periodo de socialización del gatito es relativamente corto.

Además, el estrés crónico puede repercutir sobre la salud. Puede asociarse a anorexia, vómitos, diarrea, alteraciones dermatológicas, alopecia, deterioro del pelo, cistitis idiopática o infecciones como el herpesvirus felino. También pueden aparecer cambios conductuales: mayor tiempo escondido, menor juego y exploración, modificaciones del acicalamiento, marcaje urinario, eliminación inadecuada, vocalización, conductas compulsivas o agresividad.

La valoración debe apoyarse en la observación y en una buena anamnesis. Pequeños cambios que el cuidador considera irrelevantes pueden ser señales importantes de estrés.

Una clínica diseñada para reducir el estrés 

La visita veterinaria puede resultar estresante desde el transportín hasta el regreso a casa.

El desplazamiento, la sala de espera, la manipulación y la hospitalización van a generar miedo y ansiedad.

Una clínica adaptada a los gatos debe reducir estos estímulos: minimizar los tiempos de espera, separar a los gatos de otros animales, utilizar transportines cubiertos, controlar ruidos y olores, emplear feromonas cuando corresponda y formar al equipo en manejo amable.

El transportín debería ser preferiblemente de plástico, lavable y desmontable. Conviene familiarizar al gato con él varios días antes mediante objetos familiares y premios. En la sala de espera, el transportín debe mantenerse elevado y cubierto, evitando el contacto visual con otros animales.

Manejo felino durante la consulta 

El gato suele intentar escapar ante una situación amenazante y puede recurrir a la confrontación cuando siente que no tiene alternativa. Por ello, cuanto mayor sea el control que conserve, menor será su resistencia.

El manejo debe utilizar una sujeción mínima, movimientos lentos y una voz tranquila, evitando el contacto visual directo. Siempre que sea posible, el gato debe poder permanecer dentro o cerca de su transportín y adoptar una postura cómoda. Los premios y el refuerzo positivo pueden favorecer asociaciones agradables con la manipulación.

El equipo debe reconocer señales tempranas de miedo y ansiedad, como dilatación pupilar, cambios en orejas y ojos, movimientos de cola, vocalizaciones, bufidos, sudoración de las almohadillas, postura agazapada, aseo frenético o inmovilidad.

Nunca se debe forzar el contacto, sacar al gato por la fuerza del transportín, gritarle, sujetarlo entre varias personas o enfrentarse físicamente a él. Si el miedo aumenta y no es posible manejarlo de forma segura, es preferible recurrir a sedación antes que aumentar la experiencia negativa.

Procedimientos, cirugía y hospitalización 

El estrés puede alterar parámetros físicos y laboratoriales, como la glucemia, la presión arterial o cambios en contaje celular, y puede modificar la respuesta a la sedación y anestesia.

También aumenta el riesgo de lesiones y dificulta el trabajo del equipo.

Los procedimientos deben comenzar por los menos estresantes y realizarse en un entorno tranquilo. En procedimientos dolorosos es necesaria una analgesia adecuada y, cuando corresponda, sedación o anestesia.

Durante la cirugía es fundamental minimizar ruido y estrés, mantener una temperatura adecuada y prestar especial atención a la analgesia y recuperación anestésica. La evaluación del dolor debe integrarse en los protocolos de la clínica.

Durante la hospitalización son importantes las jaulas adecuadas, escondites y zonas de descanso, recursos familiares, areneros apropiados, comida palatable y ausencia de estímulos visuales o acústicos innecesarios. La evaluación diaria del estrés, el dolor y el comportamiento debe considerarse tan importante como los cuidados médicos.

El cuidador también forma parte del manejo 

La comunicación con el cuidador es esencial. El equipo debe escuchar sus preocupaciones, mostrar empatía y proporcionar instrucciones claras sobre cómo comportarse durante la consulta: evitar sacar al gato por la fuerza, hablar alto, mirarlo fijamente o invadir su espacio.

Una buena experiencia del gato mejora también la experiencia del cuidador. Un manejo respetuoso aumenta la confianza en el equipo veterinario, favorece la fidelización y facilita que el cuidador vuelva para revisiones preventivas.

El bienestar continúa después de la consulta 

El regreso a casa también requiere planificación. Si no hay otros animales, el gato debe poder salir del transportín en un lugar tranquilo y sin ser molestado.

Cuando conviven varios gatos, el animal que vuelve de la clínica puede ser rechazado por los cambios de olor. En estos casos puede ser necesaria una separación temporal y una reintroducción progresiva.

El seguimiento debe ser proactivo y valorar alimentación, medicación, movilidad, higiene, eliminación, signos de dolor, interacción con el entorno y comportamiento.

Conclusión: una atención felina excelente 

El bienestar felino debe formar parte de todo el recorrido del paciente: hogar, transportín, consulta, hospitalización, cirugía y regreso a casa. Una clínica verdaderamente amable con los gatos requiere formación de todo el equipo, protocolos de manejo, adaptación del entorno y una comunicación eficaz con los cuidadores.

El objetivo es reducir miedo, ansiedad y estrés, mejorar la calidad de la atención y fortalecer la relación entre gato, cuidador y equipo veterinario. Entender al gato, saber manejarlo y crear un entorno en el que se sienta seguro no es un detalle: es una parte fundamental de la excelencia en medicina veterinaria.

En VetPartners contamos con equipos que han hecho del manejo felino una parte esencial de su práctica clínica, teniendo en cuenta no solo las necesidades médicas, sino también el comportamiento, el bienestar y la experiencia durante la visita. Este compromiso se refleja en los centros de la red que cuentan con acreditación Cat Friendly de International Cat Care: 6 con acreditación Gold y 9 con acreditación Silver. Este reconocimiento avala la aplicación de estándares específicos para ofrecer una atención más respetuosa y adaptada a las necesidades de los pacientes felinos.

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