¿En qué punto se encuentra actualmente la aplicación de la fitoterapia veterinaria en España?
La fitoterapia veterinaria está viviendo un momento de crecimiento muy importante. Cada vez hay más veterinarios interesados y más tutores que preguntan por alternativas naturales, pero todavía estamos lejos de que forme parte de la práctica clínica habitual.
En muchos casos continúa asociándose a la medicina alternativa cuando, en realidad, debería entenderse como una herramienta terapéutica más, basada en principios activos vegetales, evidencia científica y criterio clínico.
Creo que estamos en una etapa de transición: hemos pasado del escepticismo inicial a una creciente curiosidad, y ahora el siguiente paso es consolidar una formación rigurosa y protocolos de uso fundamentados.
¿Y la formación específica en este campo?
Probablemente sea el mayor reto.
Durante la carrera de Veterinaria la fitoterapia no tiene presencia, por lo que la mayoría de los profesionales interesados deben formarse posteriormente mediante cursos, congresos y literatura científica. Eso hace que exista una gran diferencia entre quienes utilizan las plantas medicinales con un enfoque farmacológico y quienes simplemente conocen algunos remedios tradicionales.
La fitoterapia requiere exactamente el mismo rigor que cualquier otra disciplina médica: conocer principios activos, mecanismos de acción, farmacocinética, interacciones, dosis y limitaciones.
¿Esta situación es similar en otros países? ¿Hay alguno en el que esté más integrada en la práctica clínica?
No todos los países se encuentran en el mismo punto. En Alemania, Suiza o Francia la fitoterapia lleva décadas integrada dentro de la medicina humana y veterinaria, con una tradición científica muy consolidada.
En otros países europeos existe también mayor disponibilidad de medicamentos vegetales registrados y una mayor aceptación por parte de la profesión.
España está avanzando rápidamente, aunque todavía tiene margen para desarrollar una mayor oferta formativa y regulatoria.
¿Cuáles son los motivos de consulta más habituales en los que se recurre a la fitoterapia?
Principalmente enfermedades crónicas.Las patologías digestivas, osteoarticulares, dermatológicas, urinarias, hepáticas y los problemas relacionados con el estrés o el envejecimiento son probablemente las situaciones donde más experiencia clínica existe.
También está adquiriendo mucho interés el uso de plantas medicinales como moduladoras de la microbiota intestinal, un campo que está creciendo enormemente y que probablemente marcará parte del futuro de la fitoterapia veterinaria
¿En qué casos puede ser un complemento en tratamientos crónicos o complejos?
Precisamente ahí es donde considero que aporta más valor.
La fitoterapia no pretende sustituir tratamientos necesarios, sino potenciar su eficacia, reducir efectos secundarios y actuar sobre mecanismos fisiopatológicos que a veces quedan menos cubiertos con los fármacos convencionales.
Por ejemplo, podemos trabajar simultáneamente sobre inflamación, estrés oxidativo, función de barrera intestinal, microbiota, respuesta inmunitaria o metabolismo.
Ese enfoque multimodal resulta especialmente interesante en pacientes geriátricos y con enfermedades complejas.
¿Los tutores buscan activamente este tipo de tratamientos?
Cada vez más. Muchos propietarios conocen la fitoterapia por experiencia personal y preguntan si puede ayudar también a sus animales. Sin embargo, creo que el papel del veterinario es fundamental para orientar esas expectativas.
Natural no significa inocuo, ni todas las plantas sirven para todos los pacientes. Igual que ocurre con cualquier medicamento, deben individualizarse las recomendaciones y valorar posibles interacciones y contraindicaciones
¿Hay veterinarios reacios a recurrir a la fitoterapia? ¿Qué les dirías para animarlos a confiar en ella?
Sí, y lo entiendo.
Durante muchos años la fitoterapia se ha asociado a mensajes poco científicos, lo que ha generado desconfianza. Mi invitación sería que no juzguen la disciplina por cómo se ha comunicado en ocasiones, sino por la evidencia disponible.
Las plantas medicinales contienen principios activos farmacológicamente muy potentes. Muchos de nuestros medicamentos proceden precisamente del mundo vegetal.
La cuestión no es creer o no creer en la fitoterapia, sino conocer cuándo existe evidencia suficiente para utilizarla y cuándo no.
Como veterinarios, nuestro compromiso debe ser siempre con la ciencia y con el bienestar del paciente.
La AEMPS ha establecido el Registro Simplificado Especial (RSE) para la comercialización de medicamentos veterinarios tradicionales a base de plantas medicinales (MVTPM). ¿Qué implica este paso?
Creo que supone un avance muy importante. Disponer de un marco regulatorio específico aporta seguridad tanto a los veterinarios como a los propietarios y favorece que la fitoterapia evolucione hacia un modelo cada vez más estandarizado.
Además, puede estimular la investigación y facilitar que aparezcan nuevos medicamentos veterinarios de origen vegetal con garantías de calidad, fabricación y control.
Es un paso que ayuda a normalizar la fitoterapia dentro de la medicina veterinaria.
El grupo de trabajo SEFITVET forma parte de una de las comisiones internacionales creadas para este fin.
Al no requerir prescripción veterinaria, ¿crees que existe riesgo de “automedicación” por parte de los tutores?
Existe ese riesgo, igual que ocurre con muchos otros productos disponibles sin receta.
Por eso considero fundamental la educación. Aunque una planta medicinal pueda adquirirse libremente, eso no significa que deba administrarse sin una valoración profesional.
Cada paciente presenta enfermedades diferentes, tratamientos distintos y posibles interacciones que deben tenerse en cuenta. El veterinario sigue siendo la figura clave para decidir si una planta está indicada, cuál utilizar y en qué dosis.
¿Hacia dónde crees que evoluciona la industria de la salud animal en el ámbito de las soluciones de origen vegetal en los próximos años?
Creo que veremos una integración cada vez mayor entre fitoterapia, nutrición, microbiota y medicina personalizada.
La investigación está demostrando que muchas plantas no actúan únicamente sobre un órgano concreto, sino que modulan procesos biológicos complejos, especialmente a través de la microbiota intestinal. También espero y deseo que aumente el desarrollo de formulaciones más estandarizadas, con mejor caracterización de sus principios activos y mayor respaldo clínico.
En definitiva, creo que la fitoterapia dejará de verse como una alternativa para convertirse progresivamente en una herramienta complementaria dentro de una medicina veterinaria basada en la evidencia, donde cada tratamiento ocupe el lugar que realmente le corresponde
Tras esta conversación quiero dejar claro algo que es muy importante: la fitoterapia no debe competir con la medicina convencional, sino integrarse en ella.
Sheila Riera
Balto – [email protected]
Imagen cedida por Rosa Tejada







