Resumen
La dermatitis atópica canina (DAC) es una enfermedad cutánea crónica y recidivante de origen multifactorial, caracterizada por alteraciones inmunológicas, defectos de la barrera cutánea y desequilibrios del microbioma cutáneo.
Se presenta el caso de una jack russell terrier de 8 años con DAC crónica, previamente controlada con ciclosporina e inmunoterapia alérgeno-específica, que posteriormente desarrolló un hemangiosarcoma hepático.
Debido al potencial efecto inmunosupresor de la ciclosporina, se modificó el tratamiento a lokivetmab junto con terapia tópica antimicrobiana. La paciente presentó una evolución favorable, con control del prurito y sin recaídas tras seis meses de seguimiento.
Este caso resalta la importancia de considerar estrategias terapéuticas seguras y multimodales en pacientes con DAC y comorbilidades.
Introducción
La dermatitis atópica canina (DAC) es una de las enfermedades cutáneas más frecuentes en la dermatología veterinaria, caracterizada por prurito crónico y lesiones cutáneas que afectan significativamente a la calidad de vida de los pacientes y de sus tutores. Su etiología es multifactorial e incluye predisposición genética, alteraciones de la respuesta inmunitaria, sensibilización frente a alérgenos, defectos de la barrera cutánea y desequilibrio del microbioma cutáneo.
Dado que la DAC es una enfermedad crónica y recidivante, los pacientes pueden desarrollar comorbilidades a lo largo de su vida. Estas condiciones pueden influir en la selección de las terapias y requieren un seguimiento clínico continuo para adaptar el manejo terapéutico a la evolución de cada paciente.
Anamnesis e historia clínica
Se presenta una jack russell terrier, hembra esterilizada de 8 años, con historial crónico de DAC, referida al Servicio de Dermatología del Hospital Veterinario Puchol tras el diagnóstico de hemangiosarcoma hepático. La paciente estaba recibiendo tratamiento crónico con ciclosporina, con dosis de 5 mg/kg cada 48 horas, e inmunoterapia alérgeno-específica.
La DAC había sido diagnosticada a los 4 años. Antes de acudir a nuestro centro, se descartó alergia alimentaria mediante una dieta de eliminación con alimento hidrolizado durante ocho semanas, sin que se observase ninguna mejoría clínica. Asimismo, la paciente había recibido diversos tratamientos antipruriginosos y antiinflamatorios, que incluían lokivetmab, oclacitinib y glucocorticoides, con mejoría parcial de los signos clínicos. Además, se había realizado previamente un panel de alérgenos ambientales que resultó positivo para Dermatophagoides farinae.
Durante los dos años anteriores a la consulta en nuestro centro, la dermatitis se mantuvo relativamente controlada mediante ciclosporina (5 mg/kg cada 48 horas) e inmunoterapia alérgeno-específica. No obstante, en la evaluación inicial la paciente presentaba un índice de prurito PVAS (Pruritus Visual Analog Scale) de 6/10.
Exploración clínica
En la exploración física general no se observaron alteraciones significativas. Sin embargo, en la exploración dermatológica se evidenció eritema moderado en las regiones periocular, auricular (cara interna de ambos pabellones), cervical ventral, axilar e inguinal (imágenes 1–4).
Diagnósticos diferenciales
En función de las alteraciones clínicas observadas, los principales diagnósticos diferenciales considerados fueron:
- Dermatitis atópica canina con sobrecrecimiento/infección bacteriana.
- Dermatitis atópica canina con sobrecrecimiento de Malassezia spp.
- Demodicosis.
Pruebas diagnósticas
- En el examen citológico de las regiones axilar e inguinal se observaron corneocitos y un sobrecrecimiento de Malassezia spp.
- En el examen microscópico del pelo se apreciaron puntas rotas, sin evidencia de Demodex spp. ni de formas fúngicas.
Diagnóstico presuntivo
Dermatitis atópica canina con sobrecrecimiento de Malassezia spp. en una paciente con hemangiosarcoma hepático.
Tratamiento
Se decidió suspender la ciclosporina por su potencial efecto inmunosupresor y sustituirla por lokivetmab (1 mg/kg mensual). Además, se instauró terapia tópica con champuterapia antimicrobiana basada en clorhexidina 2 % y miconazol 2 %, cada 48 horas.
En relación con la neoplasia, se realizó una lobectomía hepática, seguida de quimioterapia adyuvante con doxorubicina.
Evolución
Tras 10 días de tratamiento, el prurito disminuyó significativamente (PVAS 2/10), con resolución del eritema y citología sin hallazgos.
Tratamiento a largo plazo
El plan terapéutico a largo plazo incluyó:
- Lokivetmab (1 mg/kg mensual).
- Champuterapia antimicrobiana basada en clorhexidina 2% y miconazol 2%.
- Collar con esfingolípidos durante 2 meses.
Tras seis meses de seguimiento, no se han observado recaídas y el prurito se mantiene controlado (PVAS 2/10).
Discusión
La dermatitis atópica canina es una enfermedad inflamatoria crónica de origen multifactorial caracterizada por prurito persistente e inflamación cutánea recurrente. Su fisiopatología implica la activación de linfocitos T, la producción de citocinas proinflamatorias, alteraciones de la barrera cutánea y desequilibrio del microbioma cutáneo. Estas características hacen que su manejo requiera un enfoque terapéutico multimodal e individualizado.
En este caso, la paciente desarrolló un hemangiosarcoma hepático, lo que obligó a reconsiderar la elección del tratamiento antipruriginoso y antiinflamatorio. El hemangiosarcoma hepático es una neoplasia maligna de origen endotelial caracterizada por un comportamiento biológico altamente agresivo y una elevada tasa de metástasis. El tratamiento suele basarse en la resección quirúrgica del tumor primario, seguida de quimioterapia adyuvante, aunque el pronóstico sigue siendo reservado.
Entre las opciones terapéuticas disponibles para el control del prurito en la DAC se incluyen los glucocorticoides, los inhibidores de la calcineurina, los inhibidores de las vías JAK y los anticuerpos monoclonales. Todos estos tratamientos pueden ejercer efectos sobre el sistema inmunitario, aunque en diferente grado.
Debido a la presencia de una neoplasia maligna y al tratamiento quimioterápico asociado, se priorizó la selección de un fármaco con mínima interferencia sobre la función inmunitaria y con un perfil de seguridad favorable a largo plazo. Además, la paciente presentaba prurito moderado y lesiones cutáneas leves, lo que respaldó la elección de lokivetmab, un anticuerpo monoclonal caninizado dirigido contra la interleucina-31 (IL-31).
La ciclosporina, utilizada previamente en esta paciente actúa como inhibidor de la calcineurina y modula la activación de los linfocitos T. Aunque es eficaz en el control del prurito asociado a la DAC, su efecto inmunomodulador puede comprometer la respuesta antitumoral y favorecer infecciones oportunistas en pacientes inmunodeprimidos. Por el contrario, lokivetmab actúa de forma específica al bloquear la IL-31, citocina implicada en la señalización del prurito, sin ejercer un efecto inmunosupresor generalizado. Por este motivo, se considera una alternativa segura en pacientes con enfermedades sistémicas concomitantes, incluidos los oncológicos.
El manejo de la DAC no se limita exclusivamente al uso de tratamientos sistémicos antipruriginosos. La restauración y el mantenimiento de la barrera cutánea mediante terapias tópicas desempeñan un papel fundamental. El uso de productos que contienen lípidos esenciales, ceramidas o esfingolípidos contribuye a mejorar la función barrera cutánea. Asimismo, la champuterapia antimicrobiana permite controlar el sobrecrecimiento de Malassezia spp. y bacterias cutáneas. En este caso, se emplearon baños antisépticos periódicos y un collar con esfingolípidos al 2 %, lo que contribuyó al mantenimiento de la estabilidad clínica.
La combinación de lokivetmab, terapia tópica y estrategias dirigidas a reforzar la barrera cutánea permitió un adecuado control del prurito y de la inflamación, lo que resalta la importancia de un enfoque terapéutico multimodal adaptado a cada paciente.
Conclusiones
En pacientes con dermatitis atópica canina y comorbilidades, el manejo terapéutico debe priorizar tratamientos seguros a largo plazo y con la menor interferencia posible en el sistema inmunitario. El uso de lokivetmab, combinado con cuidados tópicos y estrategias dirigidas a restaurar la barrera cutánea, puede permitir un control eficaz del prurito. Este enfoque multimodal puede contribuir a mantener una adecuada calidad de vida en perros con dermatitis atópica crónica y enfermedades concomitantes.
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