«Hemos tenido un baño de realidad al que hemos llegado por continuar con un sistema obsoleto»

María García, presidenta de la Asociación Empresarial Veterinaria de Aragón, explica la situación que ha llevado a las clínicas veterinarias oscenses a replantear su servicio de urgencias nocturno: desde el 1 de octubre, tras el triaje telefónico los casos que requieren atención presencial son derivados a Zaragoza.
María García, presidenta de AEVAR, durante una entrevista sobre urgencias veterinarias.
María García, presidenta de AEVAR, comparte su visión sobre el reciente cierre de las urgencias veterinarias nocturnas en Huesca

Desde el 1 de octubre, las clínicas veterinarias de Huesca han dejado de ofrecer el servicio de urgencias nocturno, que pasa a derivarse Zaragoza. ¿Qué os ha conducido a tomar esta decisión?

Desde el 1 de octubre, la atención presencial de urgencias en Huesca se mantiene de 9:00 a 22:00 todos los días, incluidos fines de semana y festivos. Durante la noche continúa el triaje telefónico veterinario y, cuando se necesita atención presencial, se orienta hacia los centros disponibles en Zaragoza. Por tanto, hablamos de una derivación nocturna, no de una centralización en un único centro.

En Huesca capital existen actualmente siete clínicas veterinarias. Ante la dificultad progresiva para disponer de profesionales suficientes para mantener servicios de urgencias continuados, cinco de estos centros organizaron un sistema rotatorio de atención de urgencias. Este sistema se puso en marcha como una medida de organización y colaboración entre empresas privadas para intentar garantizar la continuidad de la atención veterinaria 24/7 en la ciudad. Tras el cierre por jubilación de uno de los centros, cuatro clínicas han continuado sosteniendo las guardias. Centros de zonas más alejadas han dejado de hacer urgencias y eso repercute en un incremento de las urgencias en la capital.

La primera causa y la más complicada es la falta de veterinarios: muy pocos egresados quieren dedicarse a la clínica de pequeños animales, los que ya están trabajando están en un grado de saturación/ burnout alarmante y, por otro lado, la falta de relevo generacional está siendo un problema que ya es patente debido al elevado número de veterinarios que quieren jubilarse en los próximos 5 a 10 años.

La segunda causa es la falta de reconocimiento social de un servicio sanitario como es el veterinario y, en especial, el de urgencias, servicio que es deficitario económicamente y con una irregular casuística anual de urgencias nocturnas, pero que debe existir aunque no se dé el caso de que haya urgencias. Esto se traduce en clínicas equipadas y profesionales preparados y disponibles para atender las posibles urgencias. Esa disponibilidad tiene un coste que no siempre se cubre con las urgencias atendidas.

El tercero es la repercusión que tienen en el día a día: respeto de los turnos de descanso, reorganización de agendas con cambios en las cirugías programadas y en las visitas, con el consiguiente descontento de los tutores afectados y el estrés ante la imprevisibilidad del trabajo diario del equipo que llega a trabajar y no sabe si el compañero que sale de la guardia estará disponible o no.

Las guardias han sido tradicionalmente un factor crítico de desgaste, burnout y abandono de la profesión clínica. ¿Qué factores críticos han llevado a esta situación?

Ha sido una decisión difícil, después de años de esfuerzo para sostener el sistema con los recursos de los propios centros. Mantener un servicio nocturno requiere profesionales, instalaciones y equipamiento disponibles incluso cuando no se atiende ningún paciente.

El desgaste aparece cuando la disponibilidad nocturna se acumula a la actividad diurna y los equipos no cuentan con suficiente margen para descansar, cubrir ausencias y conciliar. A ello se añade la responsabilidad clínica de atender situaciones graves y la carga emocional de acompañar a las familias en momentos difíciles.

Para los profesionales que empiezan, es especialmente importante disponer de una incorporación progresiva, supervisión y apoyo. Las guardias requieren preparación clínica, pero también herramientas de comunicación y gestión de situaciones emocionalmente complejas.

La formación y el compromiso individual necesitan ir acompañados de una organización que permita trabajar con seguridad. La vocación no puede sustituir a los descansos, a una remuneración adecuada ni a unas condiciones laborales sostenibles.

Cuidar a los equipos forma parte de cuidar a los pacientes y de conseguir que los profesionales quieran permanecer en la clínica.

¿Hasta qué punto la falta de personal está tensionando el día a día de las clínicas en provincias como Huesca?

Este es un problema que se lleva gestando años.

Hay vacantes que llevan casi un año sin poderse cubrir, con la consecuente sobrecarga del resto de los equipos. Empezar la rutina del día con veterinarios agotados es imposible de conciliar con la actividad diaria, gestionar bienestar laboral cuando hay imprevisibilidad y agotamiento no genera más que frustración en los veterinarios y en los gestores que muchas veces son los que tiran de esos equipos.

El cierre temporal de algunos centros por falta de veterinarios y la falta de relevo generacional en los que cierran definitivamente por jubilación suponen un reparto de clientes entre los centros que siguen trabajando con falta de personal.

Las bajas no se pueden cubrir de forma factible y somos un sector muy afectado por el burnout, formado por microempresas en su mayoría y altamente feminizado, que tiene enormes dificultades de conciliación laboral.

¿Cuál va a ser el protocolo que deben seguir los tutores si se enfrentan a una urgencia durante la noche?

Las cuatro clínicas de Huesca ya tienen contratado desde hace meses un servicio de triaje telefónico atendido por veterinarios para informar al tutor y remitir la urgencia a la clínica que se encuentra de guardia.

Este servicio de triaje telefónico es esencial, da tranquilidad tanto a tutores como a los veterinarios que están de guardia y se va a seguir manteniendo porque es una manera de filtrar y, a su vez, canalizar los servicios que realmente son urgencias.

Ante una posible urgencia nocturna, recomendamos contactar con este servicio antes de desplazarse. El equipo veterinario ofrecerá una primera orientación y, si se necesita atención presencial, informará sobre los centros disponibles en Zaragoza en ese momento.

La atención presencial de urgencias en Huesca se mantiene de 9:00 a 22:00 todos los días, incluidos fines de semana y festivos. Fuera de esa franja continúa la orientación telefónica, pero la atención presencial se deriva fuera de la ciudad.

¿Cómo estáis comunicando esta nueva realidad a vuestros clientes?

Las clínicas publicaron un mensaje común en sus RRSS y lo están comunicando de forma personalizada a sus clientes porque entienden que es un tema muy sensible y que merece una comunicación personalizada.

Igualmente, desde Aevar hemos lanzado un mensaje explicando en RRSS el porqué de haber llegado a este límite.

En esa comunicación es fundamental concretar qué cambia y qué atención continúa disponible: el horario presencial de 9:00 a 22:00, el mantenimiento del triaje veterinario durante toda la noche y la orientación hacia los centros disponibles en Zaragoza cuando sea necesario.

También queremos explicar las razones de la decisión con transparencia y escuchar las dificultades que puede generar. Cada clínica facilitará a sus clientes el teléfono de triaje para que sepan cómo actuar.

En general, ¿cómo están recibiendo la noticia? ¿Cuáles son sus preocupaciones principales cuando les informáis de este cambio?

Las reacciones son diversas y comprendemos que la noticia genere preocupación.

La primera reacción y la más comprensible es de alarma porque el servicio de urgencias es algo que el cliente demanda aunque no lo use, ya que se siente amparado si dispone de él; después, entienden nuestra postura y comprenden que es una decisión muy meditada, muy dura para los profesionales veterinarios precisamente por la enorme vocación que nos ha movido a escoger esta profesión y debemos recalcar que el servicio en los centros especializados en urgencias es de una excelente calidad. Añadir también que, ya durante estos últimos meses, determinadas urgencias, cirugías y hospitalizaciones ya se estaban remitiendo a Zaragoza.

Respecto a los animales extraviados y abandonados, existe una responsabilidad municipal específica de recogida y atención veterinaria urgente. Es necesario que ese circuito esté definido y coordinado con los recursos asistenciales disponibles. Desde AEVAR planteamos abordar ambas necesidades con claridad y colaboración.

Nos gustaría pedir respeto a una decisión durísima; comprendemos la preocupación que se genera, en parte por la información sesgada que se ha vertido en RRSS y en grupos muy definidos, por eso no entendemos algunas de las reacciones de algunos clientes de abandonar sus clínicas por no disponer de este servicio, repetimos, nocturno de urgencias en Huesca.

Esperamos que esas decisiones estén impulsadas por la visceralidad inicial y confiamos en que cuando sean meditadas, se reviertan.

En tu opinión, ¿esta medida es una solución temporal ante un bache estacional o anticipa un cambio estructural e irreversible en la asistencia veterinaria urgente de las ciudades de tamaño medio?

Esto no es un bache estacional: es un problema estructural y complejo de nuestra profesión e incluso me atrevería a decir que es un problema que afecta a otros sectores y a la sociedad. Por mucho que queramos gestionar bien los equipos, si no disponemos de profesionales que completen o complementen estos equipos, esto es realmente difícil, por no decir imposible.

Mientras no se remunere adecuadamente un servicio tan altamente cualificado, que requiere un equipamiento y un equipo humano preparado, es imposible asumir su mantenimiento en todas las clínicas.

Sí, las grandes ciudades tienen opción de montar hospitales de referencia 24 h, pero en las poblaciones medianas, y no digamos las pequeñas, esto es impensable; es otra consecuencia de la España vaciada que obligará a los clientes a desplazarse para acceder a dichos servicios.

Durante años, las clínicas han combinado su actividad diaria con la atención de urgencias las 24 horas, con tarifas que no siempre cubrían el coste de mantener ese servicio. Tanto desde las propias clínicas como desde la sociedad, se ha infravalorado lo que supone tener profesionales e instalaciones preparados y disponibles a cualquier hora. Afortunadamente, cada vez las empresas se gestionan con más conocimiento y se evidencian estas situaciones insostenibles permitiendo tomar decisiones al respecto.

Tras una decisión tan relevante para el colectivo clínico local, ¿qué mensaje destacarías para visibilizar los problemas reales de conciliación, escasez de personal y viabilidad que sufre la profesión veterinaria?

Debemos dar a conocer a la sociedad en sí las dificultades con las que nos encontramos en el sector. De forma clara y realista.

Las clínicas han sostenido durante años un servicio que exige disponibilidad, inversión y reorganización de sus equipos. La situación de Huesca muestra que ese esfuerzo necesita unas condiciones laborales y económicas que permitan mantenerlo.

No perdemos el horizonte de ver una oportunidad de corrección de errores y de remodelación de los servicios veterinarios realista y factible a todos los niveles; debemos escuchar y adaptarnos a las nuevas demandas y condiciones laborales.

Hay que luchar por el bienestar laboral en la empresa y fomentar la cohesión de los equipos desde el compromiso y la realidad. Eso requiere respetar los descansos, facilitar la conciliación, acompañar a los profesionales y planificar servicios que sean viables.

Quizás estamos construyendo los nuevos modelos de centros veterinarios del futuro y no podremos hacerlo desde la queja constante por todas partes. Hemos tenido un baño de realidad al que hemos llegado en las últimas décadas por continuar con un sistema obsoleto; ahora nos toca visualizar todos los problemas para construir un modelo veterinario mejorado que pueda afrontar los retos del futuro y eso pasa por decisiones valientes y que sean un punto de inflexión.

Desde AEVAR proponemos trabajar con las clínicas y las administraciones para revisar el circuito de atención a animales extraviados y abandonados, informar a la ciudadanía, estudiar las necesidades de transporte y valorar medidas que faciliten la llegada y permanencia de profesionales.

Sin duda entendemos y compartimos la preocupación de las familias porque queremos que los animales puedan acceder a la atención que necesitan y, por encima de todo, queremos que quienes la prestan dispongan de las condiciones óptimas para hacerlo con un entorno laboral sano que aporte seguridad.

Sheila Riera
Balto – [email protected]

 

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