Dermatitis atópica canina: la importancia de la comunicación

El principal reto del manejo de esta enfermedad, además de la complejidad del tratamiento multimodal, es comunicar eficazmente a los tutores su carácter crónico. Como ejemplifica este caso clínico, explicar correctamente el uso de los medicamentos antipruriginosos es fundamental para que los tutores comprendan la evolución de la terapia establecida.
Perro siendo sostenido por un veterinario mostrando su parte trasera
Imagen 1. Eritema y alopecia en zona abdominal y extremidades.

Alicia Cózar Fernández
Acred. OCV Dermatología
Hospital Veterinario AniCura Vetsia
Imágenes cedidas por la autora

Gracias a la CV JAYDA, en Tomelloso, por la remisión del caso, y a Irene y Mia por su colaboración.

Seguramente ya sabes que el síndrome atópico canino, o dermatitis atópica canina, es una patología muy frecuente en la clínica, con una prevalencia de hasta el 15 %, y que se manifiesta con signos recurrentes, pese a la administración de tratamientos adecuados. Aunque puede presentarse de forma aguda, suele ser un proceso progresivo que evoluciona en brotes hasta cronificarse.

Pero, lo que a lo mejor no sabías, es que es una de las enfermedades que con más frecuencia hace que los tutores cambien de veterinario. Pues sí. Y es que el principal reto del manejo, además de la complejidad del tratamiento, es comunicar eficazmente a los tutores su carácter crónico. Se sabe que entre el 40 % y el 80 % de la información transmitida en consulta se olvida de inmediato, y gran parte de la recordada es incorrecta. Esta retención disminuye aún más cuando hay ansiedad y preocupación unidas a que se debe transmitir mucha información. ¿Te suena? Estas son situaciones muy frecuentes en consultas de animales alérgicos.

También complica la comunicación el uso de los medicamentos antipruriginosos que, por supuesto, son una herramienta clave en el diagnóstico y tratamiento. Es fundamental explicar correctamente su uso, ya que pueden dar la falsa impresión de curación cuando, en realidad, su función es controlar los signos clínicos. Por tanto, es imprescindible dedicar tiempo a informar a los tutores sobre su utilidad y su empleo adecuado.

Caso clínico

Anamnesis e historia clínica

Acude a consulta Mia, una chihuahua esterilizada de 5 años, con un proceso inflamatorio en abdomen, extremidades, ingles y axilas, de evolución intermitente pero progresiva desde hace un año.

Mia fue adoptada cuando era cachorra, no convive con otros animales y se alimenta con pienso comercial de gama alta a base de salmón. No presenta antecedentes gastrointestinales. Recibe desparasitación interna regular y protección frente a parásitos externos mediante un collar de permetrina. Se desconoce su estado serológico frente a Leishmania.

Hace aproximadamente un año, en verano, comenzó a lamerse las extremidades, y este hecho fue inicialmente interpretado por la tutora como un comportamiento por aburrimiento. Con el tiempo, el lamido y el rascado de axilas y abdomen se intensificaron de forma persistente; el prurito respondía transitoriamente a corticoides, dando la impresión de curación, pero reaparecía al suspender el tratamiento. En su clínica se le diagnosticó una dermatitis atópica, y la tutora solicitó la realización de un test de alergia.

Examen físico general

Mia está en buen estado general, pesa 3,7 kg, la auscultación cardiopulmonar es normal y los linfonodos no presentan alteraciones.

Examen dermatológico y patrón lesional

Se observa un eritema marcado en el abdomen y la cara interna de las extremidades posteriores, con collaretes epidérmicos (imagen 1), leve exudado en los conductos auditivos externos, y eritema interdigital con hiperpigmentación y liquenificación (imagen 2).

El cuadro se clasifica como un patrón pruriginoso, y se inicia el protocolo para ir descartando los diagnósticos diferenciales correspondientes.

Diagnósticos diferenciales

Se consideran como diagnósticos diferenciales el síndrome atópico canino, la sarna sarcóptica u otros ectoparásitos, las sobreinfecciones bacterianas o por levaduras y, con menor probabilidad, dermatofitosis o leishmaniosis.

Pruebas complementarias

Para descartar la presencia de parásitos, se realizan raspados cutáneos, que resultan negativos. La citología de lesiones cutáneas superficiales, llevada a cabo con el fin de detectar infecciones bacterianas o fúngicas, muestra un sobrecrecimiento bacteriano cocoide, mientras que la citología ótica no evidencia alteraciones. Se examina el pelo al microscopio y la tricografía revela un ratio anagen/telogen normal, aunque las puntas del pelo se encuentran mayoritariamente fragmentadas, lo que es compatible con un prurito intenso.

Dermatofitosis y leishmaniosis se consideraron poco probables; aún así, se descartaron mediante el examen negativo con lámpara de Wood y serología, respectivamente.

Diagnóstico final

Una vez descartados otros diagnósticos diferenciales, se confirmó un síndrome atópico canino. Aunque el debut fue estacional, los brotes recurrentes en otras épocas del año obligan a descartar un posible componente alimentario.

Plan diagnóstico-terapéutico

  • Como primer paso, se debe mejorar el bienestar y la calidad de vida del animal, controlando el prurito. Con este fin, se instaura un tratamiento con oclacitinib (0,5 mg/kg cada 12 h durante 14 días y, posteriormente, dosis diaria).
  • Se establece un protocolo de baños con champú de clorhexidina al 3 % tres veces por semana, seguido de aerosol humectante. Posteriormente, se alternan champús antisépticos e hidratantes.
  • Se refuerza el control antiparasitario con sarolaner mensual.
  • Se realiza una extracción de sangre para la serología alergeno-específica, aprovechando la ausencia de tratamiento con esteroides en los meses previos.
  • Se establece una dieta de eliminación estricta con alimento ultrahidrolizado durante ocho semanas.

Evolución

Durante el seguimiento telefónico, en el que la tutora envía fotos y se van ajustando las pautas del champú y de oclacitinib, se evidencia una mejoría rápida y progresiva. Al mes, el prurito ha desaparecido y no se observan lesiones dermatológicas (imágenes 3 y 4).

Para identificar factores agravantes, en ese momento se suspende oclacitinib, manteniendo baños y dieta durante cuatro semanas más. El prurito reaparece pocos días después y vuelve a remitir al reintroducir el fármaco. Este patrón se repite en dos ocasiones, por lo que se descarta un componente alimentario relevante y se vuelve a la dieta habitual sin incidencias.

Las pruebas alergeno-específicas resultan positivas frente a diversos pólenes y ácaros, y la inmunoterapia se diseña en función de los alérgenos más relevantes de la zona.

Pronóstico

Considerando la tasa de éxito de la inmunoterapia (60–70 %), la excelente respuesta al oclacitinib y la alta implicación de la tutora, el pronóstico de Mia es bueno. El objetivo actual es mantener el equilibrio clínico mediante un tratamiento proactivo y dinámico. Es útil proporcionar una guía que detalle la parte de la terapia que no se debería modificar y la que se puede ajustar en función de los signos clínicos, la disponibilidad del tutor y la citología (tabla 1).

La eficacia de la inmunoterapia se debe evaluar una vez transcurrido un año completo, teniendo en cuenta la reducción en la frecuencia de los brotes y la necesidad de tratamientos adicionales.

Tabla 1. Ejemplo de guía para la terapia.
Tratamiento base que se debe mantener en todo momento Tratamiento adaptable en función de los signos clínicos
Inmunoterapia alergeno-específica.Se apuntan los días y las dosis en un calendario. Oclacitinib: dosis efectiva para controlar prurito.
Alimentación de gama alta.Importante para garantizar el adecuado aporte de proteína de alta calidad y ácidos grasos. Tipo de champú: antiséptico o hidratante.
Hidratación después de cada baño.Fundamental para evitar el prurito por sequedad de la piel. Frecuencia de baños: se puede espaciar la pauta, pero no eliminar completamente.

Discusión

La dermatitis atópica en perros y gatos no es solo un problema de piel seca. Al igual que en humanos, provoca un malestar continuo que afecta a la calidad de vida, puede resultar frustrante hasta el agotamiento y conlleva, en ocasiones, un cierto estigma social. Por ello, requiere un enfoque comunicativo diferente al de otras patologías en la clínica.

En este caso, desde la perspectiva de la tutora, la reaparición de los brotes tras suspender los corticoides se interpretaba como un fracaso del tratamiento, cuando en realidad es la evolución esperable en una enfermedad caracterizada por fases de exacerbación.

Más allá de afinar el diagnóstico, identificar los alérgenos implicados y establecer un plan terapéutico integral, es fundamental reforzar la comunicación con los tutores y dedicar tiempo a explicar:

  • Qué es la dermatitis atópica y por qué se trata de una enfermedad crónica.
  • Cuáles son los objetivos realistas del tratamiento (control del prurito y la inflamación, no curación).
  • Qué papel desempeñan el cuidado de la barrera cutánea, una nutrición adecuada, el seguimiento y la constancia en la terapia tópica.
  • Y, casi lo más importante: por qué los tratamientos son eficaces únicamente mientras se administran.

Actualmente, no existe un fármaco capaz de producir la remisión clínica. Los únicos abordajes capaces de modificar el curso de la enfermedad son la inmunoterapia (es esencial comunicar las tasas de éxito para ajustar las expectativas) y, en los casos con reacción adversa al alimento, el cambio dietético.

El proceso de comunicación debe ser bidireccional y colaborativo, implicando activamente a los tutores en el manejo a largo plazo de la enfermedad. Se debe dejar que pregunten, y mantener una actitud abierta en caso de que presenten dudas o propongan alternativas que no se habían contemplado al inicio. No hay que olvidar que son los que conviven con las mascotas, las conocen bien, y quieren que la enfermedad mejore, tanto o más que el veterinario. Se debe buscar “formar equipo” y evitar la pérdida de confianza, que con tanta frecuencia conduce al abandono del seguimiento o a la búsqueda constante de nuevas opiniones.

Algunos consejos para la comunicación efectiva

La comunicación mejora cuando el veterinario usa un lenguaje claro y sencillo, se repiten los puntos clave y se dan algunos trucos para facilitar el cumplimiento:

  • Es fundamental anticiparse a las dudas más frecuentes. Muchos propietarios mantienen creencias erróneas, como que el lamido de patas se debe al aburrimiento, o que los perros no deben bañarse. Abordar estos aspectos en una conversación clara y distendida facilita la comprensión y mejora la adherencia al manejo del paciente.
  • Es recomendable utilizar el término “mascarilla” o “acondicionador” para referirse al proceso de champuterapia. Este término está más asociado a un contacto prolongado con el producto, y facilita la comprensión de que necesita un tiempo para actuar.
  • Puede ser útil usar alfombrillas de entretenimiento (licky mat) para adherirlas a la bañera y tener al perro entretenido lamiendo el paté, adaptado a su situación nutricional, mientras transcurren los 10 minutos necesarios de contacto.
  • Entregar información por escrito o enlaces a páginas web fiables es muy útil.
  • Las instrucciones deben ser claras y concisas, si es necesario pautando en días y semanas el tratamiento. Cuanto menos margen haya para la improvisación, mejor. Por ejemplo, si hay que realizar una pauta de baños, es preferible proponer “martes y viernes” que “dos días a la semana”.
  • Se deben realizar seguimientos mediante el envío de fotografías, informes periódicos y videollamadas: esto puede ser clave para adaptar el manejo a las circunstancias personales de los tutores que vivan lejos o tengan limitaciones logísticas para los desplazamientos.
  • Hay que pedir al tutor, antes de dar por cerrada la consulta, que repita con sus palabras lo que ha entendido. De esta forma, siempre habrá una segunda oportunidad para volver sobre la información dudosa o incompleta.

No se puede negar que la dermatitis atópica canina es, y seguirá siendo, un desafío clínico. Aún hay un largo camino por recorrer. Pero, cuando la información se transmite con empatía y claridad, se convierte en una oportunidad para mejorar la calidad de vida del perro y reforzar el vínculo con su tutor.

Bibliografía:

  1. Olivry T, Saridomichelakis M for the International Committee on Atopic Diseases of Animals (ICADA). Evidence-based guidelines for anti-allergic drug withdrawal times before allergen-specific intradermal and IgE serological tests in dogs. Vet Dermatol 2013; 24:225-e49.
  2. Hensel P, Santoro D, Favrot C, et al. Canine atopic dermatitis: detailed guidelines for diagnosis and allergen identification. BMC Veterinary Research 2015;11:196.
  3. Marsella R, Doerr K, Gonzales A, Rosenkrantz W, Schissler J, White A. Oclacitinib 10 years later: lessons learned and directions for the future. J Am Vet Med Assoc. 2023 Mar 25;261(S1):S36-S47.

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