Pautas de la WSAVA relacionadas con dolor y comportamiento

Un cambio en el comportamiento es a menudo la primera indicación de que un animal sufre dolor. Las Pautas de Bienestar Animal de la WSAVA para clínicos de animales de compañía y equipos veterinarios describen, entre otras cuestiones, las medidas basadas en la ciencia del bienestar animal que pueden utilizarse como métodos objetivos de evaluación.
Perro cachorro en consulta veterinaria con mirada curiosa
Lens Legacy: stock.adobe.com

Para promover el mejor bienestar posible de los animales dentro de la clínica veterinaria, es necesario utilizar métodos objetivos de evaluación. En su capítulo 2, las Pautas de Bienestar Animal de la WSAVA para clínicos de animales de compañía y equipos veterinarios describen las medidas basadas en la ciencia del bienestar animal que pueden utilizarse para ello, con ejemplos de las especies de animales de compañía más comunes.

Estas medidas permitirán la monitorización explícita del bienestar animal en el entorno veterinario del animal de compañía, para asegurar una intervención rápida siempre que ocurra una situación de bienestar negativo. De esta manera, se potencia que los profesionales y los centros veterinarios promuevan estados de bienestar positivo.

Este artículo recoge los apartados del mencionado capítulo que se refieren a los cambios de comportamiento asociados al dolor. Las pautas completas y su bibliografía están disponibles en la página web de la WSAVA (www.wsava.org).

Dolor y comportamiento

La definición de dolor utilizada por la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (ISAP) es “una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada con daño tisular real o potencial o que se describe en términos de dicho daño” (Merskey y Bogduk, 1994; IASP, 2018). El dolor es tanto una experiencia psicológica como fisiológica y, por lo tanto, es complejo y controvertido.

El dolor es altamente aversivo y algo que un animal trata de evitar. Puede ser agudo, crónico, localizado, generalizado, físico, emocional, adaptativo o inadaptado y puede surgir de daño tisular (nociceptivo), inflamación tisular (inflamatorio) o daño nervioso (neuropático). Un individuo puede experimentar varios tipos de dolor al mismo tiempo.

Los signos conductuales de dolor pueden ser evidentes o encubiertos y varían según la especie, el sexo, la edad y la experiencia previa, así como en función de la situación actual en la que se encuentra el paciente. Esto se suma a la dificultad de interpretar cómo afecta el dolor a los animales.

Se ha estimado que entre el 17 % y el 41 % de la población humana de los países industrializados sufre dolor agudo o crónico (Blyth et al., 2001; Tsang et al., 2008). No se sabe qué porcentaje de las especies animales domesticadas sufren dolor. Una forma mediante la que el dolor es comúnmente reconocido en los animales es por un cambio en su comportamiento. De hecho, esta es a menudo la primera indicación de que un animal se encuentra mal.

Si se utiliza la conducta como un indicador de dolor, debe reconocerse que las respuestas de comportamiento son complejas. Una respuesta conductual involucra no solo lo que hace un animal sino también cuándo, cómo, dónde y por qué exhibe el comportamiento. Por tanto, el comportamiento nunca debe considerarse de forma aislada, sino siempre en el contexto en el que se produce.

Existen diferencias individuales (así como también entre especies) en la forma en que los animales responden al dolor que están relacionadas en parte con la variación genética en factores tales como el número, la distribución y la morfología de los receptores opioides (Janicki et al., 2016; Landau, 2006; Kim et al., 2006). En humanos, la investigación ha indicado que el sexo biológico y el estado hormonal pueden afectar tanto a las respuestas al dolor como a las intervenciones para aliviarlo (Paller et al., 2009; Bartley y Fillingim, 2013). También se ha demostrado que el sexo biológico tiene un efecto en especies no humanas y se ha implicado la edad (AAHA, 2018). Los hombres y las mujeres también difieren en su respuesta al estrés, lo que puede ser una causa tanto de dolor psicológico como físico (Kudielkaa y Kirschbaum, 2005).

Por otro lado, también hay marcadas diferencias específicas de la especie en el comportamiento y la respuesta al dolor y al estrés (Paul-Murphy et al., 2004). Por ejemplo, existe variación entre especies, como sucede entre depredadoras y presas, y la variación dentro de las especies también es grande (Paul- Murphy et al., 2004; Seksel, 2007). Las experiencias previas de dolor o estrés de un individuo, así como la especie a la que pertenece, pueden atenuar las respuestas de comportamiento exhibidas. La exposición previa a estímulos nocivos o estresantes y el resultado de esa experiencia afectarán al comportamiento exhibido (Seksel, 2007).

El entorno o la situación inmediata y actual del animal también afectarán a la forma en que se puede expresar un comportamiento. Por ejemplo, la presencia o ausencia de otros individuos (de la misma especie o de otra), entornos familiares o no familiares, el clima y los estímulos novedosos contribuyen a determinar no solo qué comportamientos se exhiben, sino también su duración y frecuencia.

Reconocimiento humano del dolor animal

La forma en que las personas reconocen el dolor en los animales se verá afectada (hasta cierto punto) por la sociedad en la que viven, la cultura en la que se criaron y las actitudes de su comunidad. Además, en cada una de estas áreas, el conocimiento del dolor del individuo y sus expectativas también afectarán a esta percepción.

¿Podemos evaluar el nivel de dolor observando el comportamiento?

Cualquier cambio en el comportamiento de un animal puede ser la primera indicación de que está experimentando dolor. Su tutor es una fuente útil de información en este sentido. Hasta qué punto esto refleja el verdadero nivel de dolor está por verse; sin embargo, es la mejor indicación que tenemos en el entorno clínico.

Al evaluar cada paciente de forma individual, se recomienda utilizar una combinación de medidas fisiológicas y de comportamiento del bienestar animal. Existen medidas validadas y no validadas que se pueden usar para evaluar el dolor en gatos y perros, como:

  • La escala de dolor compuesta abreviada de Glasgow (Reid et al., 2007).
  • El índice de dolor crónico de Helsinki (HCPI) (Hielm-Björkman, Rita y Tulamo, 2009).
  • La escala de dolor compuesto multidimensional UNESP-Botucatu (MCPS) (Brondani et al., 2013).
  • El inventario breve de dolor en caninos (BPI Canino) (PennCHART, 2013).
  • La escala de dolor del Estado de Colorado (Mich et al., 2010).

Lista de verificación

La WSAVA incluye una lista de verificación en cada uno de sus capítulos. En este caso, recomienda que te hagas estas preguntas:

  • ¿Estás al día con los avances científicos en la medición y monitorización del bienestar animal?
  • ¿Está capacitado todo el personal del centro para monitorizar y administrar el bienestar de los animales bajo su cuidado?
  • ¿Se llevan registros para monitorizar y administrar el bienestar animal en pacientes en la clínica?
  • ¿Hay actividades que podrías introducir para mejorar tu capacidad para medir y monitorizar el bienestar de los animales?
  • ¿Buscas asesoramiento, formal o informal, de otras organizaciones externas con respecto a los últimos desarrollos en la monitorización y manejo del bienestar animal?

Redacción Balto

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