Elena García Martín
Business Development Director – VetPartners Iberia
Imágenes cedidas por la autora
Dicen que cuando conoces tu ikigai (tu razón de ser o propósito vital), alcanzas una vida plena, feliz y longeva, guiado por aquello que amas, en lo que eres bueno, lo que el mundo necesita y por lo que te pueden pagar. Esto te da motivación, voluntad y sentido para levantarte cada mañana y afrontar los retos, sintiendo que tu vida tiene un profundo valor. Según la filosofía japonesa, es una búsqueda constante de equilibrio entre pasión, misión, vocación y profesión que te impulsa a levantarte cada día con energía y una dirección clara.
Cuando, en diciembre del año pasado, me propusieron escribir un artículo sobre gestión se me vinieron a la cabeza temas prácticos que pudieran ayudar en la dirección diaria de una clínica: cómo calcular precios, qué es indispensable para una buena reunión de equipo, cuándo hacer un estudio de productividad, etc. Luego pensé que todo esto ya está inventado y documentado, y que son migajas en comparación con los grandes retos que vivimos actualmente en el sector veterinario de pequeños animales. Se me ocurrió entonces reflexionar en voz alta, aunque no con toda la libertad que me gustaría, sino con miedo a herir sensibilidades y a recibir comentarios que no estoy preparada para digerir.

Varios medios de nuestro país se han hecho eco de los resultados de los últimos estudios publicados en nuestro sector: la práctica veterinaria en España, a pesar de su imagen vocacional, se describe como una profesión con altos niveles de estrés, riesgo de agotamiento profesional, problemas de salud mental, y que enfrenta desafíos como la carga emocional de la eutanasia, la precariedad laboral, y la presión burocrática, social y económica, lo que lleva a muchos a abandonar la profesión. Ojalá existiera una sola solución mágica, por complicada que fuera, pero no es así: un problema multifactorial requiere una solución multifactorial que aborde sus múltiples causas.
¿Sabéis lo que me parece más curioso? Que todo esto está ocurriendo en un sector que está experimentando un gran crecimiento. ¿Y por qué me parece importante remarcarlo? Porque estamos en el momento ideal para cambiar las cosas. Estamos viviendo el big bang de nuestro sector y podemos ser actores protagonistas.
Me explico. Según el informe sectorial de AMVAC presentado formalmente en junio de 2025, con información fiable y contrastada sobre aspectos de la actividad económica y laboral, el sector crece aún por encima de las previsiones. La sanidad animal movió 36.681 millones de euros en 2024, un 2,3 % del PIB español, con un 43 % de los hogares con mascota, y más de 15 millones de mascotas entre perros y gatos. El volumen de facturación registrado en 2024 por las más de 7.000 clínicas veterinarias de pequeños animales superó un 9,2 % el de 2023, y se situó por encima de los 2.800 millones de euros.
Por lo tanto, ¡nos necesitan! ¡La sociedad nos necesita y cada vez más! Aprovechémoslo. La macroeconomía habla, los grupos de inversión lo preveían: somos un terreno fértil y los veterinarios y ATV debemos aprovechar nuestro momento.
Sin embargo, cabe destacar que las clínicas no están ganando márgenes espectaculares: según los estudios de Veterinary Management Studies (VMS), a partir de datos del registro mercantil, el EBITDA medio de las clínicas españolas en los últimos años está entre un 6 % y un 8 %. Y esta es una de las razones por las que, aunque el sector está en auge y sigue creciendo, los veterinarios nos encontramos en una situación de sobrecarga de trabajo y percepción (real) de salarios bajos. Solo con decisiones organizativas valientes podremos aprovechar este crecimiento sostenido.
Siguiendo con los múltiples factores que contribuyen al estado de nuestra profesión, hay algunos de ellos que son complicados y lentos de modificar como, por ejemplo, el desgaste emocional y la propensión a sufrir problemas de salud mental. ¿Conocéis algún veterinario que haya elegido esta carrera para hacerse rico? Yo tampoco. Los veterinarios solemos ser personas empáticas, emocionales, con vocación por cuidar, y con poca o nula formación (ni interés, en muchas ocasiones) en habilidades comunicativas e interpersonales.
Sin embargo, hay otros factores que tenemos más a nuestro alcance. ¿Sabéis cuáles son las quejas más habituales de los veterinarios y ATV en clínicas y hospitales de pequeños animales? La carga de trabajo y los salarios. Esto siempre se repite. Y, una vez más, todo va relacionado, y todo tiene un enfoque multifactorial. Si yo liderara un equipo médico actualmente, mi obsesión sería que todos se sintieran valorados, apoyados, bien pagados y con una carga de trabajo sostenible en el tiempo. Qué utópico suena esto… Nuestros clientes deben pagar lo que vale nuestro equipo, no más, pero tampoco menos.
Ahora bien: ¿qué vale realmente tu equipo? ¿Puedes ofrecer un servicio excelente todas las horas de apertura al público? ¿Tu cliente va a percibir una atención impecable independientemente de quién le atienda? En otras palabras: ¿todo tu equipo sigue la partitura de tu clínica u hospital (imagen 1)?

Estoy convencida de que subir salarios y reducir la carga de trabajo haría que nuestra profesión se viera bastante más atractiva automáticamente, y esto sí que está definitivamente en nuestras manos. Cuando el cliente puede percibir la calidad del servicio y la atención recibida por parte de cualquier miembro del equipo tenemos la posibilidad de mejorar nuestros márgenes, de cobrar por todos nuestros servicios (también los que no se ven, los intelectuales, la estrategia clínica, la toma de decisiones rápidas), y de disponer al final de más beneficios para subir salarios y contratar más personal. Pensaréis: claro, pero hay infinidad de factores que pueden alterar este engranaje tan sofisticado. Y justo ahí nace la necesidad de liderar y dirigir: el arte de saber qué decisión tomar en cada momento.
Aprender a poner límites, gestionar conflictos, sostener conversaciones difíciles con clientes y con el mismo equipo y saber liderar en contextos de presión puede marcar la diferencia, aunque no podrá nunca compensar salarios bajos o cargas de trabajo imposibles. Seguimos por debajo aún de los salarios de veterinarios en Europa, donde, según la FVE, tienen un salario bruto medio anual de 48.000 €, pero la tendencia es creciente. ¡Pongámonos las pilas y seamos positivos!
Podríamos continuar el listado de los múltiples factores que contribuyen al estado de nuestro sector hablando de la carga burocrática. Y del IVA del 21 % en la era del One Health. Y de reseñas, libertad de expresión y derecho al honor. También podríamos hablar de seguros, y de la regularización de estudios de ATV. Pero no estoy preparada… Tal vez, en otro capítulo.
Todos somos conscientes de la solución multifactorial a nuestros desafíos y retos como sector. Lo estamos haciendo bien. He conocido a grandes profesionales, que además son maravillosas personas, que están inmersos en proyectos increíbles para ayudar a revalorizar nuestra profesión.
Mientras tanto, hagámonos un favor: expliquemos a las nuevas generaciones que se puede ser feliz y vivir dignamente siendo veterinario. Y cumplámoslo. Contribuyamos a que los veterinarios tengan los salarios que merecen para ayudarles a alcanzar su ikigai, pues aquello que aman, en lo que son buenos y lo que el mundo necesita, ya lo tienen asegurado.






