El cansancio que no se ve, pero lo condiciona todo

En muchas clínicas independientes no hay estructura y las decisiones las toma siempre la misma persona, sobre la marcha. Esa acumulación se convierte en norma y llega un momento en que el cansancio no viene de trabajar mucho, sino de no poder parar nunca.
Bloques de madera con iconos de personas, organización y herramientas
thodonal: stock.adobe.com

EL ESPACIO DIFERENTIA PARA CLÍNICAS INDEPENDIENTES

Miguel Ángel Pellitero
CEO Diferentia

Hay mañanas que no empiezan, simplemente se reanudan. Llegas con prisa a la clínica, entras y tu cabeza ya está llena. Antes de cambiarte ya te han hecho tomar dos decisiones, has leído un correo urgente, te han acosado con tres preguntas y te han tirado un problema a la cabeza. Y cuando por fin te pones el pijama ya vas tarde y cansado. Tarde para lo que importa. Cansado no porque hayas dormido poco, sino porque llevas demasiado tiempo sin parar.

Este tipo de agotamiento no tiene forma de queja. No se nota en el cuerpo, se nota en la mirada. Y no aparece de golpe. Llega cuando todas las decisiones pasan por la misma persona, que eres tú. Cuando el día a día se impone al rumbo. Cuando cada mejora parece generar nuevas tareas. Cuando sostener la clínica requiere más energía que hacerla crecer.

Y eso le ocurre, sobre todo, a un perfil muy concreto: profesionales que no abrieron su clínica para gestionarla, sino para ejercer bien su oficio. Veterinarios que soñaban con trabajar a su manera, con cuidar animales, con tener un equipo que hiciera las cosas con rigor. No con pelearse con números, ni con turnos, ni con conflictos internos que nadie más sabe resolver. No con mirar la agenda como quien calcula cuánto más puede aguantar.

La raíz del problema 

El problema es simple: en muchas clínicas independientes no hay estructura. Lo que hay es una suma de decisiones tomadas al paso, mientras se atendía lo urgente, mientras se crecía. Y esa acumulación, que al principio parece temporal, se convierte en norma. Todo se hace sobre la marcha. Todo pasa por la misma cabeza, la tuya. Y llega un momento en que el cansancio no viene de trabajar mucho, sino de no poder parar nunca.

La clínica funciona. Pero funciona porque alguien la empuja. Todos los días, desde todos los frentes. Consultas, compras, personas, pagos, quejas, promociones, dudas clínicas, proveedores, impuestos. Y, si además hay crecimiento, todo se multiplica. Pero no se reparte. Se acumula. Y siempre en el mismo
sitio, sobre ti.

Ese es el tipo de agotamiento que no se soluciona con vacaciones. Porque no es físico. Es mental. Es una fatiga sostenida de tener que estar en todo, decidir sobre todo, responder a todo. Es el desgaste que produce no poder mirar nada con distancia. No tener espacios para pensar. Y, sobre todo, no saber si hay otra forma de hacerlo.

Frustración y saturación
 

Lo preocupante no es solo lo que se ve —las jornadas largas, las decisiones pospuestas, los problemas que se resuelven tarde—. Lo más difícil es lo que no se dice. La culpa de no llegar. La frustración de ver que la clínica avanza, pero tú no. Que el equipo mejora, pero tú no descansas. Que has conseguido mucho, pero no lo estás disfrutando. Que, si paras, todo se detiene.

En Diferentia lo vemos todas las semanas. Clínicas bien valoradas, con equipos comprometidos y buenos resultados… que funcionan al borde de la saturación porque todo depende del propietario. No porque quiera controlarlo todo, sino porque no existe un sistema que le permita soltar sin que se desmorone algo. Y sin sistema, la única forma de avanzar es con esfuerzo directo. Es decir: a pulso.

Hay un punto, que muchos reconocen en silencio, en el que se empieza a perder el sentido. El propósito se emborrona. Lo que antes era ilusión se convierte en rutina. Dirigir ya no ilusiona, solo pesa. Y lo que un día fue un proyecto con futuro, motivante, hoy es una carga que nadie más puede —ni sabe— sostener.

Rediseñar para lograr la solución 

Ese modelo tiene fecha de caducidad. No es sostenible. Y no porque falte capacidad. Al contrario. El problema no es personal, es estructural. Si cada decisión, cada problema y cada avance pasan por el mismo sitio, por ti, tarde o temprano el sistema colapsa. Porque no hay salida. Si tú colapsas ahora todo se cae, y si no lo haces el monstruo sigue creciendo, y cada vez pesa más y más, hasta que acabes colapsando.

Pero esto no significa que no tenga solución. Solo que no se resuelve desde el esfuerzo. Se resuelve desde el rediseño. Y eso no implica hacer una transformación radical. En muchos casos, basta con hacer lo que nunca se pudo hacer: parar un momento, revisar cómo se toman las decisiones, quién asume qué, dónde se repite el caos y qué tareas deberían estar ya en otras manos.

Cuando eso ocurre —cuando se empieza a construir una estructura mínima pero clara—, todo cambia. El propietario respira. El equipo responde. Los errores bajan. Las tensiones se reducen. Porque, por fin, cada uno sabe lo que debe hacer, cómo hacerlo y cuándo compartirlo. Y porque el día deja de ser una carrera por sobrevivir para convertirse en un espacio donde las cosas pueden ordenarse.

Hemos visto clínicas pasar de la saturación a la estabilidad sin cambiar ni su tamaño, ni su volumen de trabajo. Solo cambiando cómo se organiza lo que ya hacen. Eliminando puntos ciegos. Alineando roles. Estableciendo rutinas simples que evitan improvisaciones. Y, sobre todo, ayudando al propietario a recuperar aire. Porque, sin aire, no hay dirección posible.

Encontrar el momento 

El inicio de año no lo cambia todo, pero puede ser el momento de abrir ese espacio. No por tradición, sino porque la sensación de límite suele aparecer con más claridad ahora. Porque después de un año intenso, aparece la pregunta: ¿puedo seguir así otro más? Y detrás de esa pregunta, hay otra más importante: ¿quiero seguir así?

La alternativa no es hacer más. Es moverse de forma distinta. Moverse también es soltar. Es pedir ayuda. Es revisar qué tareas aún haces tú que ya podrían estar en otro sitio. Es dejar de vivir la clínica como un esfuerzo diario para empezar a vivirla como un lugar con estructura, con dirección, con espacios de mejora sin agotamiento.

No hace falta un cambio heroico. Hace falta un cambio posible. Y ese cambio empieza cuando dejas de creer que el cansancio es parte del precio. No lo es. Es una señal. Una que puedes atender ahora o seguir postergando. Pero, cuanto más tardes, más difícil será salir.

El peso que llevas no lo aguantas porque seas fuerte. Lo aguantas porque no has tenido tiempo de construir otra forma. Y ese tiempo, si no lo reservas, no aparece solo.

Puedes cambiar cómo empieza el próximo ciclo. No haciendo más. Haciendo mejor. Y, sobre todo, haciendo distinto.

¿No sabes por dónde empezar? Si lo que aquí digo te duele búscate alguien con quién hablarlo, un compañero mejor.

Cambiar está en tus manos.

Artículos relacionados

EL ECG DEL MES

Participa en el reto cardiológico que te planteamos cada mes.

Encabezado el ECG del mes

Más Popular

Scroll al inicio

¿Quiéres recibir Balto en tu correo?

Logo azul de AF Balto con diseño moderno y estilizado
Esta web ofrece contenido técnico. ¿Es usted veterinario/a?
Informativo para veterinarios especializados en animales de compañía